Una página en Internet divulgó hace poco la siguiente pregunta: ¿Por qué los periódicos del sudeste asiático no publican en primera plana casos de gente que se muere de hambre o la falta de agua potable? Y explica a continuación que "la Suprema Corte india tuvo que intervenir para que el hambre pudiera regresar a la primera plana de la prensa.
Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?".¡Qué contradicción! En otra parte del texto recuerdan, con acertado tino, que las hamburguesas Mac Donald, los refrescos Coca Cola y Pepsi, los pollos y muchos otros tipos de alimentos, tienen las páginas de publicidad abiertas en los medios de comunicación en cualquier sitio, ya sea impresos, televisivos, radiales o digitales, sin considerar en este caso las grandes vallas o pancartas que hacen visualmente insoportables a las ciudades. Bueno…, en cualquier sitio no; porque en Cuba las tienen -inteligentemente- desterradas.
Sólo en publicidad, en el mundo de hoy, se gastan 1000 millones de dólares cada año, igual cantidad que en la carrera armamentista, suficiente para alimentar a millones de hambrientos y para resolver un sinnúmero de problemas sociales diversos. Pero esto último, a los ricos y a su vez poderosos, no les interesa.Esa interrogante hecha en el continente asiático es perfectamente aplicable a América Latina y el Caribe. Nuestra área geográfica tiene hoy una cifra indeterminada de pobres y hambrientos. Y digo indeterminada porque unos estudios aseguran que son 54 millones, o sea, el 10 por ciento de la población total, otros afirman que gracias a las ¿políticas?, estrategias, programas e iniciativas (y le pongo intencionalmente signo de interrogación a la palabra políticas) ha disminuido en los últimos años a 50 millones. La realidad es que -fíjense- hablamos de millones, no de miles, ni de cientos, ni de decenas. ¡De millones! Me gusta utilizar una imagen gráfica elocuente para ilustrar el hambre y la pobreza.
En una populosa urbe de América del Sur, vi cómo un indigente buscaba entre los depósitos de basura, de manera afanosa, algo que llevarse al estómago. Andaba sucio, harapiento, despeinado… Era el rostro de la pobreza, de la desigualdad, de la tragedia… Por su lado pasó velozmente un Mercedes Benz de color negro, flamante, lujoso, con mucho brillo, y sus neumáticos salpicaron completamente de lodo al pobre indigente. Ni siquiera el conductor detuvo la marcha y expresó una frase de disculpa. Le era imposible. El aire acondicionado acumulado en el interior vale más para él que la dignidad del ultrajado.Pero de eso no tratan los medios de comunicación.
Me atrevo a afirmar que ni siquiera los llamados medios alternativos (les confieso que el calificativo no me gusta para nada) lo hacen con acierto. ¿Por qué? Porque el mundo de los medios de comunicación (MC) es tan poderoso y tan poderoso que promueve golpes de estado, golpes petroleros, quita y pone presidentes, gobernadores y alcaldes, tilda de terroristas a simples luchadores por la igualdad, provoca manifestaciones con personas que ni siquiera saben bien lo que reclaman…. Es que los MC responde con exactitud meridiana a los intereses de sus dueños, y en la inmensa mayoría de los casos, no son otros que quienes también dominan el poder financiero y económico. A esos "barrigas llenas", como les llamaron en una telenovela brasileña recientemente difundida en la TV Cubana, no les conviene para nada incluir a la pobreza y el hambre en la agenda mediática, en las líneas editoriales y mucho menos, denunciar que mientras unos pocos se enriquecen cada día más, una mayoría inmensa es cada vez más pobre en este mundo que gira sobre su propio ejes, pero "patas arriba", como lo definió el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.
La FAO difundió hace poco: "El interés de los medios de comunicación occidentales por los temas del desarrollo es mínimo y los profesionales de la información no abordan en profundidad cuestiones como el hambre y la pobreza en el mundo, según un estudio publicado hoy por la Echo Research, empresa de análisis de medios, con sede en Londres, en base al análisis de 54 periódicos relevantes en 11 países occidentales. "Los medios de comunicación informan sobre iniciativas específicas y no tanto sobre problemas de larga duración, dice el estudio. Esto explicaría lo que se denomina como 'tono positivo de la cobertura', o sea, una recepción positiva de las iniciativas que aparecen para paliar o mejorar la situación. Asimismo, el estudio constata un mayor número de noticias sobre soluciones potenciales que sobre análisis de las causas de los problemas". La problemática está clara. La vida anda por un lado, el discurso político y mediático por ese mismo lado, y los medios de comunicación por otro. Es como una dicotomía en la prensa contemporánea.
Los teóricos de la guerra se atreven a afirmar que "una mentira dicha cien veces se convierte en una verdad". Valga tan aberración comunicativa como vía para ilustrar la idea.Si problemas tan acuciantes como la pobreza y el hambre no tienen espacio en los medios, difícil resultará que la conciencia al respecto crezca en la sociedad y en políticos y gobernantes con niveles e influencia.Es raro encontrar, incluso hasta en los medios más radicales y pragmáticos, comentarios de opinión sobre las causas que provocan esos problemas, que no son otras que las desigualdades sociales, la diferente distribución de las riquezas, el predominio de los monopolios financieros, el desinterés de los gobiernos por ejecutar programas sociales y muchos otros. Ausentes están también los reportajes de investigación, caracterizados por la indagación profunda allí, donde late el dolor o donde se adoptan las grandes decisiones, o sea, de lo particular a lo general, del fondo a la luz. Y el problema es mucho más agudo que el dolor atenazante en el estómago por las largas horas sin alimentarse. Está vinculado también -no puede dudarse- a las enfermedades y epidemias, a la elevadísima mortalidad infantil de los países de la región, a la droga, a la prostitución, a la delincuencia organizada, al analfabetismo, a la marginalidad… Los pobres y hambrientos viven sin futuro, sin esperanzas, sin hoy y sin mañana. ¿Quién lo dice en los medios? ¿Quién cuenta esas historias? Jamás lo hará la CNN, ni el New York Times, ni BBC Mundo, ni El País… Los soportes hay que buscarlos mucho más cerca de nosotros mismos.Faltan políticas gubernamentales, es cierto. Pero también falta voluntad de quienes tienen el deber de tratar en los medios de comunicación esos temas y no lo hacen, o lo hacen "por arriba", sin profundidad, sin objetividad.Vale preguntarse por otra parte: ¿los sistemas de enseñanza de nuestro continente, desde el preescolar hasta la universidad, incluye en alguno de los programas el tratamiento a tan complejos problemas? Me atrevo a decir que no en la inmensa mayoría. No olvidemos que las conciencias se forman desde las edades tempranas, para despertar el interés por el conocimiento. El asunto es tema para otra conferencia.Mientras haya una persona pobre y hambrienta en este planeta, los medios -y todas las instituciones-- no pueden permanecer ajenos, ni insensibles. El problema es demasiado grande. Parece como una maldición a gran escala.¡Qué se desate la ofensiva, pues, y quede a un lado la actitud simplemente defensiva de la convivencia con esos males que parecen ser hereditarios, pero no lo son!
martes 26 de agosto de 2008
lunes 4 de agosto de 2008
Ni ellos se pueden callar

Por Ramón Barreras Ferrán
No es el tono de sus documentos habituales. Pero no les queda otra alternativa. El mundo se desmorona, y aunque ellos pretendan no sentirlo, están dentro de él y ya no encuentran fórmulas para justificar los desastres. Y el alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional, muchos de ellos de primera necesidad, no puede silenciarlo, ni ocultarlo, ni justificarlo.
Nada más y nada menos que el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los dos mayores tentáculos económico-financieros del mundo capitalista unipolar y dominante (el otro es el conocido Banco Mundial) acaba de reconocer en su último boletín que “algunos países se encuentran casi al filo de la navaja por la escalada de los precios”, de acuerdo con estudio realizado por sus expertos.
A la vez advierte que las naciones pobres son las más damnificadas por el encarecimiento de los alimentos y del petróleo. ¡Vaya descubrimiento! Pero, no reconocen en modo alguno que ése es el resultado del actuar económico de los países altamente desarrollados y de sus transnacionales.
Como siempre acostumbra a hacer, el FMI dicta sus recetas: “En base a un análisis de los retos macroeconómicos que plantea el alza de los precios, el estudio sostiene que muchos gobiernos tendrán que ajustar sus políticas ante el shock de precios y que la comunidad internacional deberá a contribuir a solucionar este problema mundial”. También sostiene que para los gobiernos de los “países avanzados” y los bancos centrales es ahora más difícil apuntalar el crecimiento y al mismo tiempo frenar la inflación.
Y al parecer ahora se da cuenta que “en las economías emergentes –y sobre todo en algunos países de bajos ingresos- hay mucho más en juego. Para las poblaciones muy pobres, la carestía de los alimentos puede desembocar en indigencia, hambre y desnutrición”. Así de sencillo. Los especialistas que hicieron el estudio por encargo del FMI hablan en futuro, como si la indigencia, el hambre y la desnutrición no pulularan en el mundo ni se haya acrecentado con el alza desmedida de los precios.
Ellos apelan al espíritu de cooperación. ¿De quienes? Pues los presidentes de las naciones más poderosas del mundo acaban prácticamente de reunirse en Japón, banquete con cientos de platos por medio, para analizar el tema del hambre y el aumento de los precios, sobre todo en África, y nada acordaron en concreto.
¿Qué hará el Fondo Monetario Internacional? El reporte del estudio no lo dice. Pero imagino que como siempre, precisará de los gobiernos plegados a ellos –y que son muchos por cierto en el mundo- a elevar los impuestos, sin distinción de niveles de ingreso; despedir trabajadores y lanzarlos a la calle para fortalecer las economías y asegurar las compras en el mercado internacional, precisamente el mismo que hace cada día más ricos a los ricos y más pobres a los países pobres.
Ya se habla de que el número de personas que pasan hambre todos los días en el mundo tendrá un incremento inmediato de unos 70 millones, por encima de los 854 millones que viven en esa precaria situación. Sin embargo, de eso nada se dice en los círculos políticos capitalistas y en los medios de comunicación masiva.
Por estos días la pandemia del SIDA, sin embrago, acapara la atención del mundo de la comunicación, aunque las cifras de personas infectadas son notablemente inferiores a la de los indigentes, pobres y desnutridos. ¿Será porque los ricos, los poderosos, los dueños de los medios y las empresas sí están amenazados por el VIH, porque ni el dinero puede frenarlo?
El hecho de que el FMI, trate al menos en esos términos el problema del alza de los precios es un paso de avance en el reconocimiento tácito de un fenómeno de escala universal que es tan peligroso como la creciente carrera armamentista. Detrás de cada uno de esos fenómenos hay demasiado poderío económico, porque aunque dañe a muchos, a algunos pocos les convienen demasiados y les llenan las arcas.
No es el tono de sus documentos habituales. Pero no les queda otra alternativa. El mundo se desmorona, y aunque ellos pretendan no sentirlo, están dentro de él y ya no encuentran fórmulas para justificar los desastres. Y el alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional, muchos de ellos de primera necesidad, no puede silenciarlo, ni ocultarlo, ni justificarlo.
Nada más y nada menos que el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los dos mayores tentáculos económico-financieros del mundo capitalista unipolar y dominante (el otro es el conocido Banco Mundial) acaba de reconocer en su último boletín que “algunos países se encuentran casi al filo de la navaja por la escalada de los precios”, de acuerdo con estudio realizado por sus expertos.
A la vez advierte que las naciones pobres son las más damnificadas por el encarecimiento de los alimentos y del petróleo. ¡Vaya descubrimiento! Pero, no reconocen en modo alguno que ése es el resultado del actuar económico de los países altamente desarrollados y de sus transnacionales.
Como siempre acostumbra a hacer, el FMI dicta sus recetas: “En base a un análisis de los retos macroeconómicos que plantea el alza de los precios, el estudio sostiene que muchos gobiernos tendrán que ajustar sus políticas ante el shock de precios y que la comunidad internacional deberá a contribuir a solucionar este problema mundial”. También sostiene que para los gobiernos de los “países avanzados” y los bancos centrales es ahora más difícil apuntalar el crecimiento y al mismo tiempo frenar la inflación.
Y al parecer ahora se da cuenta que “en las economías emergentes –y sobre todo en algunos países de bajos ingresos- hay mucho más en juego. Para las poblaciones muy pobres, la carestía de los alimentos puede desembocar en indigencia, hambre y desnutrición”. Así de sencillo. Los especialistas que hicieron el estudio por encargo del FMI hablan en futuro, como si la indigencia, el hambre y la desnutrición no pulularan en el mundo ni se haya acrecentado con el alza desmedida de los precios.
Ellos apelan al espíritu de cooperación. ¿De quienes? Pues los presidentes de las naciones más poderosas del mundo acaban prácticamente de reunirse en Japón, banquete con cientos de platos por medio, para analizar el tema del hambre y el aumento de los precios, sobre todo en África, y nada acordaron en concreto.
¿Qué hará el Fondo Monetario Internacional? El reporte del estudio no lo dice. Pero imagino que como siempre, precisará de los gobiernos plegados a ellos –y que son muchos por cierto en el mundo- a elevar los impuestos, sin distinción de niveles de ingreso; despedir trabajadores y lanzarlos a la calle para fortalecer las economías y asegurar las compras en el mercado internacional, precisamente el mismo que hace cada día más ricos a los ricos y más pobres a los países pobres.
Ya se habla de que el número de personas que pasan hambre todos los días en el mundo tendrá un incremento inmediato de unos 70 millones, por encima de los 854 millones que viven en esa precaria situación. Sin embargo, de eso nada se dice en los círculos políticos capitalistas y en los medios de comunicación masiva.
Por estos días la pandemia del SIDA, sin embrago, acapara la atención del mundo de la comunicación, aunque las cifras de personas infectadas son notablemente inferiores a la de los indigentes, pobres y desnutridos. ¿Será porque los ricos, los poderosos, los dueños de los medios y las empresas sí están amenazados por el VIH, porque ni el dinero puede frenarlo?
El hecho de que el FMI, trate al menos en esos términos el problema del alza de los precios es un paso de avance en el reconocimiento tácito de un fenómeno de escala universal que es tan peligroso como la creciente carrera armamentista. Detrás de cada uno de esos fenómenos hay demasiado poderío económico, porque aunque dañe a muchos, a algunos pocos les convienen demasiados y les llenan las arcas.
EL desperdicio de alimentos en época de crisis
Por Andrés Pascoe Rippey y José Luis Vivero Pol
En América Latina y el Caribe 52 millones de personas pasan hambre y cerca de 9 millones de niños padecen
desnutrición crónica, sufriendo daños irreparables en su desarrollo. A raíz de la actual problemática por el alza del
precio de los alimentos se están desarrollando distintas líneas de trabajo para aumentar la disponibilidad y reducir
su costo. Además de las propuestas “tradicionales”, hay una medida que puede mejorar de forma rápida y eficaz la
disponibilidad total de comida: reducir el desperdicio. Hoy, millones de toneladas de alimentos en buen estado se
desperdician cada día en el planeta.
Datos de la FAO revelan que en México el descuido en el manejo de alimentos representa pérdidas de hasta 20%
entre el productor y el consumidor, principalmente en cereales y frutas, sin contar el desperdicio que se genera a
nivel de hogares, restaurantes y comedores1. Cerca de 40 mil personas podrían alimentarse diariamente si se reciclase
ese alimento. En Brasil, cerca de un 64% de lo que se planta se pierde en la cadena productiva: 20% en la cosecha,
8% en el transporte y almacenamiento, 15% en el procesamiento, 20% en el proceso culinario y hábitos alimentarios.
Se señala que alrededor de 70 mil toneladas de alimentos van a la basura anualmente2.
Las cifras son aún mayores en los países desarrollados. En Gran Bretaña se difundió un estudio3 revelando que se
desperdician cada año más de cuatro millones de toneladas de alimentos. Lo que más se desperdicia son las verduras,
frutas, papas y el pan. Además, la mayor parte de esa comida se va a tiraderos convencionales, en lugar de ser
aprovechada para fertilizante o ingresar en circuitos de bancos de alimentos, comedores populares o producción de
Bioenergía. El gobierno ha lanzado una campaña de sensiblización para reducir este despilfarro.
Estados Unidos es el país del mundo que más desperdicia alimentos. De acuerdo con un estudio de la Universidad
de Arizona, entre el 45 y el 50% de todos los alimentos cosechados se pierden anualmente antes de ser consumidos4.
El estudio también señala que esta comida podría servir para cubrir todas las necesidades de los desnutridos de ese
país, en el cual 4.6 millones de hogares padecen de grave inseguridad alimentaria5, lo cual implica literalmente pasar
hambre. Datos oficiales de EE.UU. señalan que cada año 45 millones de toneladas de alimentos se pierden en alguna
parte de la cadena de consumo.
La rEsponsaBiLidad dE cada Uno
Este enorme desperdicio indica que se compra mucho más de lo que realmente se consume, subrayando el exceso de
demanda o “demanda ficticia” en las necesidades energéticas de la población. Una gran cantidad del desperdicio de
comida es resultado de la falta de conciencia de los consumidores: en el proceso de preparación de los alimentos caseros
se dejan de lado muchos comestibles en perfecto estado. Estudios señalan que un 14% de los productos comprados en
EE.UU. terminan en la basura sin haber sido abiertos, y lo mismo pasa con el 20% de la comida en Brasil.
Por otro lado, la pérdida de los conocimientos tradicionales de cocina fomenta el uso poco cuidadoso de los
alimentos. Se ha desmotivado el reciclaje de la comida, en parte debido a un exceso de “cultura de consumo rápido”:
no sabemos adquirir alimentos de forma responsable y planificada. Sectores sociales han respondido al escandaloso
desperdicio que se genera. Un caso notable es el de los autodenominados “freegans”. Son personas que, por elección,
se alimentan hasta en un 80% de comida recuperada de basureros de restaurantes o tiendas, en particular panaderías6.
Estos “comedores de basura” buscan crear conciencia sobre el desperdicio y boicotear a la sociedad de consumo.
Los cosTos EconóMicos
El estudio de la Universidad de Arizona asegura que con una corrección parcial de este desperdicio se podrían ahorrar
miles de millones de dólares cada año. Este ahorro podría impactar, incluso, en el alza en el precio de los alimentos,
ya que un incremento de productos en el mercado mitigaría el aumento de los costos. Los estudios señalan que una
familia promedio en Estados Unidos tira a la basura unos 600 dólares mensuales en comida. En Gran Bretaña, más de
15 mil 500 millones de dólares en alimentos se pierden cada año debido a mal manejo, unos 256 dólares por cada
habitante del Reino Unido.
El problema del desperdicio genera costos en tres niveles: pérdida económica para las familias que compran alimentos
que no consumen; costo en procesamiento de basura que esos desperdicios generan, y costo para el medio ambiente
por contaminación.
aLTErnaTiVas
Uno de los sistemas de aprovechamiento más común de la comida en buen estado son los Bancos de Alimentos.
Desde hace décadas, estos servicios de recolección de alimentos (en general no perecedera) desechada por los
supermercados apoyan a las comunidades vulnerables con su redistribución. La Iniciativa América Latina y Caribe
sin Hambre (ALCSH)7 contribuye al desarrollo de estos bancos y promueve las leyes que favorezcan el proceso de
donación de alimentos (conocidas como “del buen samaritano”). Adicionalmente, fomenta cambiar la visión de
los desperdicios alimentarios como basura para verlos como subproductos con valor económico y externalidades
medioambientales positivas. En este sentido, los municipios son los actores clave para establecer regulaciones y
proveer facilidades para reducir el desperdicio alimentario y fomentar su reutilización.
Es fundamental atacar el problema del desperdicio desde tres variables distintas:
1. desperdicio en la producción
a) Extender las buenas prácticas agrícolas y el desarrollo de métodos de conservación y transporte para reducir
las perdidas.
b) Promover la compra de productos locales, tanto los que proceden de agricultura familiar y huertos urbanos,
como los de la agricultura de la zona, pues estos productos llegan más frescos al consumidor.
c) Optimizar la cadena de agrocomercialización para poder usar los alimentos que se estropean o deterioran
como fertilizantes orgánicos, alimento para animales, aceites esenciales o fibras de empaque.
2. desperdicio en la venta
a) Favorecer los Bancos de Alimentos para reutilizar los alimentos que salen de la cadena comercial, aprobando
marcos legales y estímulos fiscales.
b) Desarrollar bancos de compostaje municipal que utilicen los desperdicios de mercados de abasto a gran
escala y que recojan subproductos de empresas agroprocesadoras.
3. desperdicio en el consumo
a) La Iniciativa ALCSH busca sensibilizar a los y las cocineras caseras sobre el buen uso y cuidado de los
productos que utilizan, a través de esfuerzos como Chefs contra el Hambre8.
b) Fomentar el desarrollo de composta casera9 para reciclar la materia orgánica y fertilizar huertas familiares.
c) Revalorar la “Cocina de Reciclaje”, reduciendo el desperdicio alimenticio mediante cursos de cocina para
darle un uso creativo a los alimentos de días anteriores.
d) Campañas de comunicación para sensibilizar sobre la necesidad de reducir el desperdicio: sistemas de “best
buy” (mejor valor alimenticio y mayor inocuidad por menor precio), guarda de alimentos en forma correcta,
técnicas de conservación de alimentos tradicionales, entre otras opciones.
e) Informar sobre como incorporar alimentos alternativos a la dieta y fomentar un uso creativo de los
ingredientes existentes.
7 Más información sobre la Iniciativa en http://www.rlc.fao.org/iniciativa/
8 Más información sobre Chefs Contra el Hambre: http://www.rlc.fao.org/iniciativa/chefs.htm
9 http://em.iespana.es/manuales/manuales.html
Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación
Oficina Regional para América Latina y el Caribe
iniciativa américa Latina y caribe sin Hambre
Observatorio del Hambre
Av. Dag Hammarskjöld 3241, Vitacura, Santiago de Chile
Tel.: (56 2) 923 2100 e-mail: RLC-iniciativa@fao.org
www.rlc.fao.org/iniciativa/obdh.htm
con el apoyo financiero de
aecid
Suscribirse a:
Entradas (Atom)