Por Ramón Barreras Ferrán
El próximo viernes 16 el mundo celebrará el Día Mundial de la Alimentación, bajo el lema: “Conseguir la Seguridad Alimentaria en época de crisis” y con el propósito esencial de denunciar que los pequeños agricultores, quienes representan el 70 por ciento de las personas que padecen hambre en el mundo, están gravemente afectados por el aumento de los precios de los alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) dio a conocer con motivo de la ocasión que al terminar este año el gran ejército de hambrientos en el mundo aumentará en 105 millones de personas, por lo que sumarán 1 020 millones en el planeta, de los cuales 55 millones son niños. Por regiones, las cifras actuales son las siguientes: Asia: 642 millones, Africa subsahariana: 245 millones, América Latina: 53 millones, África del Norte y Oriente Medio: 42 millones, y los países desarrollados: 15 millones.
Los expertos plantean que la desnutrición en el mundo estaba en retroceso hasta la llegada de la crisis económica, la cual empujó hacia arriba el precio de los alimentos, mientras se reducían los ingresos. También advierten que los datos dejan una sombra de duda sobre los "Objetivos de Desarrollo del Milenio", aprobados en 1996 y cuyo primer capítulo es la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre para el 2015.
"Nuestros cálculos apuntan a que hay un 30 % de excedente alimentario en la región. Los alimentos no faltan. El problema es el acceso", señaló recientemente José Graziano Da Silva, representante de la FAO para América Latina y el Caribe. Uno de los principales obstáculos para acceder a la comida es el aumento de los precios de los alimentos, que superó el 50 por ciento entre 2003 y 2008.
Hay un dato elocuente al respecto. Con el 3 % del dinero que se ha puesto en los bancos podría erradicarse el hambre en su forma más aguda. Eso hace evidente que no existe en la mayoría de las naciones voluntad política y gubernamental para resolver tan grave problema.
Especialistas en el tema aseguran que la producción de alimentos tendrá que aumentar un 70 % en los próximos años para alimentar a la creciente población del planeta.
En una conferencia sobre Seguridad Alimentaria de dos días que se celebró en Roma, sede de la FAO, la organización advirtió que debe cultivarse mayor cantidad de tierras. En el propio evento los especialistas subrayaron que el cambio climático y el descenso en el número de personas trabajando la tierra agravan el problema.
El director general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó que la agricultura debe hacerse más productiva si pretende alimentar a una población mundial mucho mayor, al tiempo que se responde a los retos medioambientales que se avecinan.
Al inaugurar el foro, llamado "Cómo alimentar al mundo en 2050", Diouf aseveró que en los próximos 40 años se prevé que "el efecto combinado del crecimiento demográfico, el fuerte aumento de los ingresos y la urbanización....resulte en una demanda de casi el doble de alimentos".
Señaló además que los incrementos deberán obtenerse en su mayoría a través del aumento de los rendimientos y una mayor intensidad de los cultivos, más que de un crecimiento de las hectáreas cultivables, aunque todavía existen amplios recursos en tierras con potencial para hacerlas productivas, especialmente en África Subsahariana y Latinoamérica.
Además de una creciente escasez de recursos naturales como tierra y agua, "la agricultura mundial tendrá que hacer frente a las consecuencias del cambio climático, en especial el aumento de las temperaturas, una mayor variabilidad del régimen de lluvias y fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes, entre ellos inundaciones y sequías", alertó Diouf.
Resulta evidente que la erradicación del hambre sigue siendo una asignatura pendiente en el mundo. Cada día, como se ha afirmado, los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Nada han resuelto las cumbres de jefes de Estado sobre el tema. La mayoría de los objetivos han quedado en simples promesas, mientras millones de hambrientos miran al horizonte cada amanecer con la esperanza de poder contar con algún alimento.
Entonces, el 16 de octubre no debía denominarse Día Mundial de la Alimentación. Lo correcto sería nombrarlo Día Mundial de Lucha Contra el Hambre. Sería más lógico y ajustado a la realidad que vive el mundo de hoy.
jueves 15 de octubre de 2009
jueves 2 de julio de 2009
El problema del hambre no se puede esconder más bajo la alfombra
Por Ramón Barreras Ferrán
El representante de la FAO en Cuba, Marcio Carvalho Marques Porto, es de hablar pausado. Medita antes de pronunciar palabra alguna. Está en La Habana desde septiembre del año 2007.
Se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad Federal de Bahía, Brasil, en 1972. Ha ocupado importantes responsabilidades en el Ministerio de la Agricultura en su nación de origen y en la FAO. Es profesor universitario y tiene un sinnúmero de publicaciones. El tema de la lucha contra el hambre y la pobreza lo obsesiona.
En exclusiva, accedió a responder las preguntas sobre el tema, formuladas.
Recientemente la FAO dio a conocer que el número de hambrientos en el mundo creció a 1 020 millones, debido fundamentalmente a la Crisis Económica Global. La organización también ha dicho que se requiere de un nuevo orden alimentario mundial. ¿Cómo pudiera materializarse ese imprescindible paso?
“Es necesario decir que las decisiones sobre utilización de recursos y la definición de prioridades nacionales dependen de los gobiernos, soberanos y responsables por la gestión de sus respectivos Estados. El Director General de la FAO, el señor Jacques Diouf, pidió el fortalecimiento de un nuevo orden alimentario mundial, junto al cambio de aquellos aspectos del sistema del comercio internacional que no han funcionado en la lucha contra la pobreza. Durante el Foro Mundial de Cereales, realizado en San Petesburgo, Rusia, el ultimo día (19 de junio) él también enfatizó en la necesidad de ”construir un sistema para gobernar la seguridad alimentaria mundial que sea más coherente y eficaz, y corregir las políticas y el sistema internacional comercial que han llevado a un agravación del hambre y la pobreza". ”Las Naciones Unidas, y específicamente el equipo de tareas de Alto Nivel, establecido por el Secretario General el 28 de abril de 2008, han desarrollado un Marco Amplio de Acción, que provee una hoja de ruta para alcanzar el objetivo de erradicar el hambre y la pobreza. El equipo es presidido por el mismo Secretario General y co-presidido por el Director General de la FAO.
“Ese Marco Amplio recoge el Enfoque de Doble Vía, promovido por la FAO desde 1996, que consiste en la aplicación de una estrategia de dos ramas: entregar apoyo inmediato a las familias mas necesitadas, y desarrollar las capacidades de las familias para que ellas puedan satisfacer sus propias necesidades alimentaria en el mediano y largo plazo.
“A corto plazo, la estrategia comprende medidas destinadas a mejorar el acceso a los alimentos por parte de los necesitados. Entre ellas figuran: facilitar el acceso a la asistencia alimentaria de emergencia, a las redes de seguridad social; a insumos claves para la producción, especialmente semillas y fertilizantes, además de mejorar la infraestructura rural; ajustar políticas de comercio e impuestos; evitar subsidios; minimizar las restricciones al comercio; utilizar reservas para estabilizar precios: reducir tarifas a la importación de alimentos e insumos agrícolas, entre otras; y adoptar medidas macroeconómicas, como el control de la inflación, movilizar ayuda externa, etc.
“A mediano y largo plazo se propone, en primer lugar, que los países adopten, a nivel nacional, un enfoque basado en el derecho a la alimentación. Actualmente 5 países tienen leyes (Argentina, Brasil, Ecuador, Guatemala y Venezuela) y otros ocho las debaten en el Parlamento. La FAO, en particular la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, desde Santiago de Chile, ha creado un Frente Parlamentario Regional contra el Hambre, para promover el debate a nivel político regional en búsqueda del compromiso de los países en este sentido”.
Se ha afirmado que “los países pobres necesitan las herramientas de desarrollo, económicas y políticas para impulsar su producción agrícola y su productividad”. ¿De qué forma pudieran lograrse?
“Algunas de las herramientas de desarrollo, económicas, políticas y sociales son descritas arriba como parte de la Hoja de Ruta. Es importante considerar que los factores que impiden a los más pobres impulsar la producción agrícola no están bajo el control de un país, aisladamente; son temas que requieren acuerdos globales, o por lo menos regionales para ofrecer las mismas oportunidades y límites para todos.
“Es aquí donde las organizaciones multilaterales, en especial las agencias del Sistema de Naciones Unidas, tienen un papel importante, como “Socios Neutrales”, interesados en el desarrollo de todos sus países miembros y en la cooperación como instrumento del desarrollo”.
Se ha asegurado que resulta posible resolver el problema del hambre en el mundo. ¿Cómo concibe tan urgente e imprescindible solución a un problema tan grande y agudo?
“Sí, la comunidad internacional está de acuerdo con lo que usted afirma: la solución es “urgente e imprescindible”; de que no es posible apenas reducir a la mitad, pero sí eliminar el hambre de la faz de la tierra. Si los recursos disponibles son utilizados de forma “urgente e imprescindible”, el Objetivo número 1 del Milenio (reducir a la mitad la proporción de subnutridos existente en 2000 en el ano 2015) será plenamente alcanzado y, ojalá, superado.
“El problema del hambre no es agudo; es crónico, como muestran los datos recopilados por la FAO en todos estos años, y que son parte de la base para establecimiento de la meta de la Cumbre Mundial de la Alimentación, en 1996: reducir el número de subnutridos a la mitad en 2015.
“¿Cómo se combaten los problemas crónicos? Con campañas y acciones concertadas, duraderas y sostenibles. Así se hizo con la poliomielitis, con la fiebre amarilla y con la malaria en varios países, incluso Cuba. Pero, para esto, hay que tener voluntad política. Existen las herramientas, las tecnologías, el conocimiento, los recursos humanos y financieros para esto.
“Lo que no podemos hacer es esperar que la población mundial crezca sin la garantía de que todos tengan acceso a los alimentos que necesitan. No nos olvidemos que en el año 2050 seremos 9 mil millones de personas viviendo en la Tierra”.
Reiteradamente usted se ha referido en conferencias y artículos a la importancia de la voluntad política de los gobiernos para resolver el problema del hambre, sin embargo, resulta evidente que en muchas naciones no existe. ¿A qué le atribuye ese comportamiento?
“No tengo la respuesta a esta pregunta. Solo puedo decir que si más países se deciden por hacer de la seguridad alimentaria una prioridad nacional, destinando recursos para el apoyo a la producción y el acceso a los alimentos, el problema del hambre se resolverá. En nuestra región, aparte de Cuba, estamos presenciando un momento interesante, pues más y más países se comprometen a combatir al hambre y la pobreza, y ese compromiso se está reflejando en leyes, que si son aplicadas el problema se resuelve”.
Aunque el problema social que crea el hambre y la pobreza, sobre todo en los países del Tercer Mundo, es tan enorme, ¿por qué, sin embargo, se le da menos prioridad comunicativa y de atención que a otros no tan grandes, como la transmisión del VIH-Sida, por ejemplo?
“Esta es una pregunta que siempre me hago a mi mismo.
“A veces pienso que esto tiene que ver con la naturaleza del fenómeno del hambre: aunque sea siempre noticia, este problema crónico casi nunca es una “breaking news” (noticia de última hora), como lo son la aparición de la Gripe A H1N1, la Gripe Aviar o de la Encefalopatia Esponiforme bovina. Estas son cosas desconocidas de gran público y surgen de repente, mientras el hambre y la pobreza son fenómenos que siempre han estado al nuestro lado, siendo parte de nuestras vidas.
“La FAO tiene una estrategia de comunicación que utiliza notas de Prensa, artículos publicados en varios medios, sitios en Internet global, regionales y nacionales, buscando sensibilizar la población mundial sobre la necesidad de eliminar el hambre. Estamos siempre, de manera incansable, informando sobre la situación del hambre en el mundo. Pero también tenemos emergencias que limitan el uso de nuestros recursos en campañas masivas de comunicación. Por ejemplo, entre ayudar las victimas de un huracán y lanzar una campaña publicitaria, yo prefiero ayudar las víctimas”.
Los mandatarios se reúnen en las Cumbres Mundiales convocadas por la FAO, el tema del hambre se trata en eventos internacionales de alto nivel y también en la Asamblea General de la ONU, pero el financiamiento requerido no acaba de aparecer, contrario a lo que acaba de ocurrir con la Crisis Financiera en los Estados Unidos. En su opinión, ¿a qué se debe esa conducta que se desentiende de un problema tan serio y generalizado?
“Esto tiene que ver con la naturaleza crónica del hambre. Los gobiernos, los países, tienen el hambre como un fenómeno del día a día. Hay que considerar que los gobiernos no desconocen ni ignoran el problema; nadie puede ignorar al hambre, la desnutrición y la pobreza. Pero hay otras prioridades más urgentes que, por si mismas, desvían los esfuerzos, pues algunos quizás piensen que la respuesta puede esperar hasta que se resuelva las crisis más agudas.
“Es por esto que, mientras el combate al hambre no sea parte de la Constitución de un país, mientras no sea obligatorio para un gobernante combatirla, el problema estará siempre amenazado por las otras prioridades nacionales o internacionales.
“Es mi opinión personal que las Cumbres necesitan de ejemplos para mostrar que reducir el hambre es un buen negocio. Si más países van a las cumbres y muestran que, con el combate al hambre se está creciendo más, se está reduciendo la violencia, se está mejorando el estado de salud de su población y si está ganando más dinero, otros países, serán incentivados a hacer lo mismo, a seguir el mismo camino.
A partir de su experiencia como representante de la FAO en Cuba, ¿cómo aprecia la situación alimentaria en nuestro país y los esfuerzos que se realizan para aumentar la producción agropecuaria, a pesar de la falta de recursos, financiamientos y del bloqueo imperialista?
“Ya he dicho anteriormente que Cuba es una excepción, aunque sufra tantas dificultades, como las mencionadas en su pregunta. El pueblo -no solamente el gobierno, que prioriza la producción de alimentos- entiende la importancia de producir más.
“La situación alimentaria es indudablemente difícil con la limitación de recursos necesarios para invertir en la Agricultura y, con eso, reducir las tan costosas importaciones. El país tiene de todo para alimentarse a si mismo: tierras aptas, topografía adecuada para la agricultura; escuelas, tecnologías y un gobierno que claramente entiende que producir más es la solución. La limitación está básicamente en los recursos y en la dificultad de acceso a insumos básicos para el desarrollo rural”.
La FAO materializa innumerables proyectos en Latinoamérica, como en el resto del mundo, para desarrollar las producciones de alimentos. ¿Cómo se concreta ese importante apoyo en Cuba?
“Los esfuerzos de la FAO en Cuba, en estos últimos 50 años, han estado perfectamente relacionados con las demandas del gobierno por asistencia técnica. El país ha sabido priorizar las peticiones de asistencia y entiendo que la FAO ha sabido responder a esas demandas, apoyando los esfuerzos nacionales para la resolución de un problema específico.
“Hemos priorizado la implementación de proyectos de producción de alimentos a nivel comunitario, el apoyo al fortalecimiento institucional y la resolución de problemas específicos identificados por el gobierno, siempre buscando, como meta final, producir más y mejor. Este año publicaremos un libro sobre la historia de la FAO en Cuba, desde la fundación de la organización en 1945. Ese texto responderá su pregunta con más detalles”.
¿Cómo avizora usted, a la luz del tiempo, el panorama del hambre en el mundo transcurridos 20 años más?
“Yo creo que el problema no se puede esconder más bajo la alfombra. La crisis crónica que mencioné antes se está volviendo más conocida y es muy importante que aquellos que la sufren se estén percatando de que sus dirigentes pueden hacer más para disponer alimentos en mayor cantidad y calidad. Cada día más personas saben leer y también escribir para exigir sus derechos, entre ellos el derecho a la Alimentación. La crisis de los altos precios de los alimentos provocó reacciones masivas en algunos países que preocuparon la comunidad internacional.
“A pesar de todo, creo que en 20 años se habrá conseguido reconocer la importancia del tema con medidas de impacto en la producción de alimentos y que lograremos reducir la brecha. Confío en que iniciativas como la de “América Latina y el Caribe sin Hambre–2015”, en aplicación desde la Oficina Regional de la FAO para la región, apuestan a que es posible eliminar el hambre en nuestro continente. Cuando esto sea reconocido como un reto real por los países, los ejecutivos y los políticos y por todos los estamentos de la población, estaremos forzados a encarar el problema de frente. Y estoy seguro de que los resultados serán agradecidos por todos. ¿Verdad?”.
El representante de la FAO en Cuba, Marcio Carvalho Marques Porto, es de hablar pausado. Medita antes de pronunciar palabra alguna. Está en La Habana desde septiembre del año 2007.
Se graduó de ingeniero agrónomo en la Universidad Federal de Bahía, Brasil, en 1972. Ha ocupado importantes responsabilidades en el Ministerio de la Agricultura en su nación de origen y en la FAO. Es profesor universitario y tiene un sinnúmero de publicaciones. El tema de la lucha contra el hambre y la pobreza lo obsesiona.
En exclusiva, accedió a responder las preguntas sobre el tema, formuladas.
Recientemente la FAO dio a conocer que el número de hambrientos en el mundo creció a 1 020 millones, debido fundamentalmente a la Crisis Económica Global. La organización también ha dicho que se requiere de un nuevo orden alimentario mundial. ¿Cómo pudiera materializarse ese imprescindible paso?
“Es necesario decir que las decisiones sobre utilización de recursos y la definición de prioridades nacionales dependen de los gobiernos, soberanos y responsables por la gestión de sus respectivos Estados. El Director General de la FAO, el señor Jacques Diouf, pidió el fortalecimiento de un nuevo orden alimentario mundial, junto al cambio de aquellos aspectos del sistema del comercio internacional que no han funcionado en la lucha contra la pobreza. Durante el Foro Mundial de Cereales, realizado en San Petesburgo, Rusia, el ultimo día (19 de junio) él también enfatizó en la necesidad de ”construir un sistema para gobernar la seguridad alimentaria mundial que sea más coherente y eficaz, y corregir las políticas y el sistema internacional comercial que han llevado a un agravación del hambre y la pobreza". ”Las Naciones Unidas, y específicamente el equipo de tareas de Alto Nivel, establecido por el Secretario General el 28 de abril de 2008, han desarrollado un Marco Amplio de Acción, que provee una hoja de ruta para alcanzar el objetivo de erradicar el hambre y la pobreza. El equipo es presidido por el mismo Secretario General y co-presidido por el Director General de la FAO.
“Ese Marco Amplio recoge el Enfoque de Doble Vía, promovido por la FAO desde 1996, que consiste en la aplicación de una estrategia de dos ramas: entregar apoyo inmediato a las familias mas necesitadas, y desarrollar las capacidades de las familias para que ellas puedan satisfacer sus propias necesidades alimentaria en el mediano y largo plazo.
“A corto plazo, la estrategia comprende medidas destinadas a mejorar el acceso a los alimentos por parte de los necesitados. Entre ellas figuran: facilitar el acceso a la asistencia alimentaria de emergencia, a las redes de seguridad social; a insumos claves para la producción, especialmente semillas y fertilizantes, además de mejorar la infraestructura rural; ajustar políticas de comercio e impuestos; evitar subsidios; minimizar las restricciones al comercio; utilizar reservas para estabilizar precios: reducir tarifas a la importación de alimentos e insumos agrícolas, entre otras; y adoptar medidas macroeconómicas, como el control de la inflación, movilizar ayuda externa, etc.
“A mediano y largo plazo se propone, en primer lugar, que los países adopten, a nivel nacional, un enfoque basado en el derecho a la alimentación. Actualmente 5 países tienen leyes (Argentina, Brasil, Ecuador, Guatemala y Venezuela) y otros ocho las debaten en el Parlamento. La FAO, en particular la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, desde Santiago de Chile, ha creado un Frente Parlamentario Regional contra el Hambre, para promover el debate a nivel político regional en búsqueda del compromiso de los países en este sentido”.
Se ha afirmado que “los países pobres necesitan las herramientas de desarrollo, económicas y políticas para impulsar su producción agrícola y su productividad”. ¿De qué forma pudieran lograrse?
“Algunas de las herramientas de desarrollo, económicas, políticas y sociales son descritas arriba como parte de la Hoja de Ruta. Es importante considerar que los factores que impiden a los más pobres impulsar la producción agrícola no están bajo el control de un país, aisladamente; son temas que requieren acuerdos globales, o por lo menos regionales para ofrecer las mismas oportunidades y límites para todos.
“Es aquí donde las organizaciones multilaterales, en especial las agencias del Sistema de Naciones Unidas, tienen un papel importante, como “Socios Neutrales”, interesados en el desarrollo de todos sus países miembros y en la cooperación como instrumento del desarrollo”.
Se ha asegurado que resulta posible resolver el problema del hambre en el mundo. ¿Cómo concibe tan urgente e imprescindible solución a un problema tan grande y agudo?
“Sí, la comunidad internacional está de acuerdo con lo que usted afirma: la solución es “urgente e imprescindible”; de que no es posible apenas reducir a la mitad, pero sí eliminar el hambre de la faz de la tierra. Si los recursos disponibles son utilizados de forma “urgente e imprescindible”, el Objetivo número 1 del Milenio (reducir a la mitad la proporción de subnutridos existente en 2000 en el ano 2015) será plenamente alcanzado y, ojalá, superado.
“El problema del hambre no es agudo; es crónico, como muestran los datos recopilados por la FAO en todos estos años, y que son parte de la base para establecimiento de la meta de la Cumbre Mundial de la Alimentación, en 1996: reducir el número de subnutridos a la mitad en 2015.
“¿Cómo se combaten los problemas crónicos? Con campañas y acciones concertadas, duraderas y sostenibles. Así se hizo con la poliomielitis, con la fiebre amarilla y con la malaria en varios países, incluso Cuba. Pero, para esto, hay que tener voluntad política. Existen las herramientas, las tecnologías, el conocimiento, los recursos humanos y financieros para esto.
“Lo que no podemos hacer es esperar que la población mundial crezca sin la garantía de que todos tengan acceso a los alimentos que necesitan. No nos olvidemos que en el año 2050 seremos 9 mil millones de personas viviendo en la Tierra”.
Reiteradamente usted se ha referido en conferencias y artículos a la importancia de la voluntad política de los gobiernos para resolver el problema del hambre, sin embargo, resulta evidente que en muchas naciones no existe. ¿A qué le atribuye ese comportamiento?
“No tengo la respuesta a esta pregunta. Solo puedo decir que si más países se deciden por hacer de la seguridad alimentaria una prioridad nacional, destinando recursos para el apoyo a la producción y el acceso a los alimentos, el problema del hambre se resolverá. En nuestra región, aparte de Cuba, estamos presenciando un momento interesante, pues más y más países se comprometen a combatir al hambre y la pobreza, y ese compromiso se está reflejando en leyes, que si son aplicadas el problema se resuelve”.
Aunque el problema social que crea el hambre y la pobreza, sobre todo en los países del Tercer Mundo, es tan enorme, ¿por qué, sin embargo, se le da menos prioridad comunicativa y de atención que a otros no tan grandes, como la transmisión del VIH-Sida, por ejemplo?
“Esta es una pregunta que siempre me hago a mi mismo.
“A veces pienso que esto tiene que ver con la naturaleza del fenómeno del hambre: aunque sea siempre noticia, este problema crónico casi nunca es una “breaking news” (noticia de última hora), como lo son la aparición de la Gripe A H1N1, la Gripe Aviar o de la Encefalopatia Esponiforme bovina. Estas son cosas desconocidas de gran público y surgen de repente, mientras el hambre y la pobreza son fenómenos que siempre han estado al nuestro lado, siendo parte de nuestras vidas.
“La FAO tiene una estrategia de comunicación que utiliza notas de Prensa, artículos publicados en varios medios, sitios en Internet global, regionales y nacionales, buscando sensibilizar la población mundial sobre la necesidad de eliminar el hambre. Estamos siempre, de manera incansable, informando sobre la situación del hambre en el mundo. Pero también tenemos emergencias que limitan el uso de nuestros recursos en campañas masivas de comunicación. Por ejemplo, entre ayudar las victimas de un huracán y lanzar una campaña publicitaria, yo prefiero ayudar las víctimas”.
Los mandatarios se reúnen en las Cumbres Mundiales convocadas por la FAO, el tema del hambre se trata en eventos internacionales de alto nivel y también en la Asamblea General de la ONU, pero el financiamiento requerido no acaba de aparecer, contrario a lo que acaba de ocurrir con la Crisis Financiera en los Estados Unidos. En su opinión, ¿a qué se debe esa conducta que se desentiende de un problema tan serio y generalizado?
“Esto tiene que ver con la naturaleza crónica del hambre. Los gobiernos, los países, tienen el hambre como un fenómeno del día a día. Hay que considerar que los gobiernos no desconocen ni ignoran el problema; nadie puede ignorar al hambre, la desnutrición y la pobreza. Pero hay otras prioridades más urgentes que, por si mismas, desvían los esfuerzos, pues algunos quizás piensen que la respuesta puede esperar hasta que se resuelva las crisis más agudas.
“Es por esto que, mientras el combate al hambre no sea parte de la Constitución de un país, mientras no sea obligatorio para un gobernante combatirla, el problema estará siempre amenazado por las otras prioridades nacionales o internacionales.
“Es mi opinión personal que las Cumbres necesitan de ejemplos para mostrar que reducir el hambre es un buen negocio. Si más países van a las cumbres y muestran que, con el combate al hambre se está creciendo más, se está reduciendo la violencia, se está mejorando el estado de salud de su población y si está ganando más dinero, otros países, serán incentivados a hacer lo mismo, a seguir el mismo camino.
A partir de su experiencia como representante de la FAO en Cuba, ¿cómo aprecia la situación alimentaria en nuestro país y los esfuerzos que se realizan para aumentar la producción agropecuaria, a pesar de la falta de recursos, financiamientos y del bloqueo imperialista?
“Ya he dicho anteriormente que Cuba es una excepción, aunque sufra tantas dificultades, como las mencionadas en su pregunta. El pueblo -no solamente el gobierno, que prioriza la producción de alimentos- entiende la importancia de producir más.
“La situación alimentaria es indudablemente difícil con la limitación de recursos necesarios para invertir en la Agricultura y, con eso, reducir las tan costosas importaciones. El país tiene de todo para alimentarse a si mismo: tierras aptas, topografía adecuada para la agricultura; escuelas, tecnologías y un gobierno que claramente entiende que producir más es la solución. La limitación está básicamente en los recursos y en la dificultad de acceso a insumos básicos para el desarrollo rural”.
La FAO materializa innumerables proyectos en Latinoamérica, como en el resto del mundo, para desarrollar las producciones de alimentos. ¿Cómo se concreta ese importante apoyo en Cuba?
“Los esfuerzos de la FAO en Cuba, en estos últimos 50 años, han estado perfectamente relacionados con las demandas del gobierno por asistencia técnica. El país ha sabido priorizar las peticiones de asistencia y entiendo que la FAO ha sabido responder a esas demandas, apoyando los esfuerzos nacionales para la resolución de un problema específico.
“Hemos priorizado la implementación de proyectos de producción de alimentos a nivel comunitario, el apoyo al fortalecimiento institucional y la resolución de problemas específicos identificados por el gobierno, siempre buscando, como meta final, producir más y mejor. Este año publicaremos un libro sobre la historia de la FAO en Cuba, desde la fundación de la organización en 1945. Ese texto responderá su pregunta con más detalles”.
¿Cómo avizora usted, a la luz del tiempo, el panorama del hambre en el mundo transcurridos 20 años más?
“Yo creo que el problema no se puede esconder más bajo la alfombra. La crisis crónica que mencioné antes se está volviendo más conocida y es muy importante que aquellos que la sufren se estén percatando de que sus dirigentes pueden hacer más para disponer alimentos en mayor cantidad y calidad. Cada día más personas saben leer y también escribir para exigir sus derechos, entre ellos el derecho a la Alimentación. La crisis de los altos precios de los alimentos provocó reacciones masivas en algunos países que preocuparon la comunidad internacional.
“A pesar de todo, creo que en 20 años se habrá conseguido reconocer la importancia del tema con medidas de impacto en la producción de alimentos y que lograremos reducir la brecha. Confío en que iniciativas como la de “América Latina y el Caribe sin Hambre–2015”, en aplicación desde la Oficina Regional de la FAO para la región, apuestan a que es posible eliminar el hambre en nuestro continente. Cuando esto sea reconocido como un reto real por los países, los ejecutivos y los políticos y por todos los estamentos de la población, estaremos forzados a encarar el problema de frente. Y estoy seguro de que los resultados serán agradecidos por todos. ¿Verdad?”.
viernes 28 de noviembre de 2008
Pide la FAO nuevo orden económico mundial
Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) pidió a los líderes mundiales reunirse el próximo año para comenzar a diseñar un nuevo orden agrícola mundial y encontrar definitivamente los 30 000 millones de dólares anuales que permitirían erradicar el hambre en la faz de la tierra.
La exhortación fue realizada en una sesión especial de la Conferencia, órgano que dirige la FAO y que reúne a los 191 países miembros, según dan a conocer medios informativos de la organización. El directivo subrayó que esa reunión con carácter mundial es necesaria porque “más de 60 años después (desde la fundación de la FAO) es esencial crear un nuevo sistema de seguridad alimentaria”.
También señaló que se debe “corregir el sistema actual, que genera una inseguridad alimentaria mundial a causas de distorsiones del comercio en el mercado, provocadas por los subsidios a la agricultura, los derechos arancelarios y los obstáculos técnicos al comercio, así como por el desequilibrio en la asignación de recursos de la ayuda oficial al desarrollo”.
Agregó el Director General de la FAO que la Cumbre está propuesta para la primera mitad del próximo año y tiene como objetivo esencial “sentar las bases de un nuevo sistema de seguridad alimentaria mundial y del comercio agrícola, ofreciendo a los agricultores la posibilidad de ganarse dignamente la vida”. “Debemos tener –añadió- la inteligencia y la imaginación de concebir políticas de desarrollo agrícola, así como reglas y mecanismos que garanticen un comercio internacional sin barreras y justo al mismo tiempo”.
De igual forma, los estadistas deberán determinar la forma de encontrar y disponer de los 30 000 millones de dólares al año que se necesitan para crear infraestructuras rurales y aumentar la productividad agrícola en el mundo en desarrollo. “La propuesta de reunir esta suma para salvar a la humanidad del hambre es razonable si se tiene en cuenta que en pocas semanas se consiguió reunir cien veces más para hacer frente a una crisis financiera internacional”, agregó Diouf.
Se espera que la Conferencia de la FAO, reunida desde el 18 y hasta al 22 de noviembre, adopte un Plan de Acción Inmediato para una reforma de largo alcance de la Organización, según recomienda la Evaluación Externa Independiente que tuvo lugar en 2006/07.
La exhortación fue realizada en una sesión especial de la Conferencia, órgano que dirige la FAO y que reúne a los 191 países miembros, según dan a conocer medios informativos de la organización. El directivo subrayó que esa reunión con carácter mundial es necesaria porque “más de 60 años después (desde la fundación de la FAO) es esencial crear un nuevo sistema de seguridad alimentaria”.
También señaló que se debe “corregir el sistema actual, que genera una inseguridad alimentaria mundial a causas de distorsiones del comercio en el mercado, provocadas por los subsidios a la agricultura, los derechos arancelarios y los obstáculos técnicos al comercio, así como por el desequilibrio en la asignación de recursos de la ayuda oficial al desarrollo”.
Agregó el Director General de la FAO que la Cumbre está propuesta para la primera mitad del próximo año y tiene como objetivo esencial “sentar las bases de un nuevo sistema de seguridad alimentaria mundial y del comercio agrícola, ofreciendo a los agricultores la posibilidad de ganarse dignamente la vida”. “Debemos tener –añadió- la inteligencia y la imaginación de concebir políticas de desarrollo agrícola, así como reglas y mecanismos que garanticen un comercio internacional sin barreras y justo al mismo tiempo”.
De igual forma, los estadistas deberán determinar la forma de encontrar y disponer de los 30 000 millones de dólares al año que se necesitan para crear infraestructuras rurales y aumentar la productividad agrícola en el mundo en desarrollo. “La propuesta de reunir esta suma para salvar a la humanidad del hambre es razonable si se tiene en cuenta que en pocas semanas se consiguió reunir cien veces más para hacer frente a una crisis financiera internacional”, agregó Diouf.
Se espera que la Conferencia de la FAO, reunida desde el 18 y hasta al 22 de noviembre, adopte un Plan de Acción Inmediato para una reforma de largo alcance de la Organización, según recomienda la Evaluación Externa Independiente que tuvo lugar en 2006/07.
jueves 16 de octubre de 2008
Resulta ético, humano y moral erradicar el hambre y la pobreza

El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. En esta ocasión tiene como tema central: “La Seguridad Alimentaria Mundial: los desafíos del cambio climático y la Bioenergía”.
Más que una celebración, como ha advertido la Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es momento propicio para hacer un llamado a los países del mundo, sociedades, sectores y grupos a no olvidar que hay demasiadas personas que padecen hambre en el mundo, y que la cifra crece por días.
La realidad es alarmante. Ya unos 923 millones –73 millones más en sólo un año-- de seres humanos están subalimentados en el orbe, de ellos unos 50 millones (me parece una cifra conservadora) en América Latina y el Caribe. ¿Qué hacer ante tan desastrosa situación? Resulta evidente que las políticas puestas en práctica nada han resuelto, como las promesas fijadas en las Cumbres han quedado sólo en eso: promesas y nada más.
Hoy la situación es aún peor que en años anteriores. Los altos precios de los alimentos y combustibles continúan aumentando las tasas de inflación, impactando negativamente el bienestar de la población, y el desarrollo de los biocombustibles, a los cuales es más apropiado llamarlos agrocombustibles, sólo hace más ricos a los ricos y poderosos y más pobres a los pobres y hambrientos.
Estimaciones de la FAO indican que 6 millones de personas podrían haberse sumado en el 2007 a la población que padece hambre en América Latina y el Caribe, a raíz del desajuste –o mejor dicho, desastre- de los precios de los productos alimentarios en el mercado internacional. Ello elevaría la población total de hambrientos a 51 millones en el área, lo que representa un retroceso en los avances logrados entre 1990 y 2005.
“El problema no es que no hemos avanzado, sino que no hemos logrado sostener los avances y perdimos prácticamente 15 años de esfuerzos en sólo dos años de alza de los precios”, observó José Graziano da Silva, representante regional de la organización.
Los elevados precios de los alimentos han invertido la tendencia positiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la cantidad de personas hambrientas en el mundo para el 2015. Parecen objetivos inalcanzables, a pesar de que el hambre y la pobreza constituyen los problemas sociales más acuciantes que afronta el mundo de hoy. Un reciente despacho noticioso fechado en la Oficina de la FAO en Roma da cuenta que “alcanzar la meta fijada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de hambrientos es una posibilidad todavía más remota”.
“Para los compradores netos de alimentos -donde se incluyen casi todas las familias urbanas y una gran parte de las rurales-, el alza de precios ha tenido un impacto negativo a corto plazo sobre los ingresos y el bienestar familiar. Los más pobres –campesinos sin tierra y familias encabezadas por mujeres- han sido los más afectados”, añade la propia fuente. Los países más golpeados por la actual crisis, muchos de ellos en África, necesitarán al menos 30 mil millones anuales de dólares para garantizar su seguridad alimentaria y reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo. Cuesta trabajo comprender y admitir tranquilamente entonces que el gobierno de un país tan rico como de los Estados Unidos aporte nada más y nada menos que 700 mil millones de dólares para levantar una economía en bancarrota y tratar de sostener al sistema capitalista, mientras una parte tan grande de la población del mundo padece de hambre y todos los años mueren 9 millones de seres humanos por falta de alimentación sin que haga siquiera un pronunciamiento al respecto. ¿Simples paradojas? No. Demostración de poder, desprecio por el semejante, afianzamiento financiero para los poderosos de este mundo que está “patas arriba”, en el cual impera, sobre todo, “la ley de la selva”.
Para romper el círculo vicioso del hambre y la pobreza, se requiere actuar de forma urgente en dos frentes, según ha definido la FAO: hacer que la población más vulnerable tenga acceso a alimentos y ayudar a los pequeños productores a aumentar su producción y sus ingresos. No hay otros caminos. Y de existir, aún no han sido descubiertos.
En el informe “El estado mundial de la Agricultura y la Alimentación-2008”, acabado de difundir en Roma, se señala: “Como en cualquier tipo de agricultura, una producción de biocombustibles en aumento puede resultar una amenaza para los recursos de agua y tierras, así como para la biodiversidad, por lo que se requieren unas medidas políticas adecuadas para minimizar los posibles efectos negativos. Las repercusiones variarán en función de las materias primas y los lugares, y dependerán de las prácticas de cultivo y de si nuevas tierras han empezado a utilizarse para la producción de materias primas para biocombustibles o de si éstas han reemplazado otros cultivos. La ampliación de la demanda de productos básicos exacerbará las presiones sobre los recursos naturales básicos, incrementando las áreas cultivadas. Por otro lado, el uso de materias primas perennes en tierras degradadas o marginales puede garantizar una producción de biocombustibles sostenible, pero la viabilidad económica de dichas opciones puede constituir una limitación a corto plazo”.
Y subraya: “Dada la escala potencial de mercado de los biocombustibles, la incertidumbre relativa a la evolución a largo plazo de los precios y el gran número de hogares pobres, la cuestión de cuáles serán los efectos de la ampliación de la producción de biocombustibles en la seguridad alimentaria de las poblaciones pobres debería ocupar un lugar destacado en el programa político”.
Sumemos a esos problemas las consecuencias del cambio climático, con la consiguiente elevación de la temperatura, la deforestación galopante y alarmante, la falta de agua por un lado y las grandes inundaciones por otro, la disminución de los niveles de pesca, el aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes que afectan, sobre todo, a los países caribeños… Los compromisos de disminuir la emisión de gases a la atmósfera para evitar el efecto de invernadero y reducir los productos que contaminan los ríos, lagos y el mar se incumplen fundamentalmente por los países desarrollados, los grandes productores, los que desangran los cultivos que permiten fabricar los agrocombustibles para sustituir sus enormes importaciones del caro y escaso petróleo.
La Oficina Regional de la FAO ha lanzado la Iniciativa “América Latina y el Caribe sin Hambre-2025”, en cuyos preceptos está contenido el convencimiento pleno de que resulta una meta posible, porque “desde todos los frentes se puede hacer algo para contribuir a lograrlo”. Algunos gobiernos de la región se han adherido a ella, pero todavía resultan insuficientes los esfuerzos, el apoyo y las acciones concretas.
El Día Mundial de la Alimentación es propicio para meditar a profundidad sobre tan complejos temas de la vida cotidiana. Resulta ético, humano y moral erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, no sólo “multiplicando los panes y los peces”, como en el pasaje bíblico, sino también con políticas concretas, coherentes, abarcadoras y objetivas.
Ramón Barreras Ferrán
El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. En esta ocasión tiene como tema central: “La Seguridad Alimentaria Mundial: los desafíos del cambio climático y la Bioenergía”.
Más que una celebración, como ha advertido la Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es momento propicio para hacer un llamado a los países del mundo, sociedades, sectores y grupos a no olvidar que hay demasiadas personas que padecen hambre en el mundo, y que la cifra crece por días.
La realidad es alarmante. Ya unos 923 millones –73 millones más en sólo un año-- de seres humanos están subalimentados en el orbe, de ellos unos 50 millones (me parece una cifra conservadora) en América Latina y el Caribe. ¿Qué hacer ante tan desastrosa situación? Resulta evidente que las políticas puestas en práctica nada han resuelto, como las promesas fijadas en las Cumbres han quedado sólo en eso: promesas y nada más.
Hoy la situación es aún peor que en años anteriores. Los altos precios de los alimentos y combustibles continúan aumentando las tasas de inflación, impactando negativamente el bienestar de la población, y el desarrollo de los biocombustibles, a los cuales es más apropiado llamarlos agrocombustibles, sólo hace más ricos a los ricos y poderosos y más pobres a los pobres y hambrientos.
Estimaciones de la FAO indican que 6 millones de personas podrían haberse sumado en el 2007 a la población que padece hambre en América Latina y el Caribe, a raíz del desajuste –o mejor dicho, desastre- de los precios de los productos alimentarios en el mercado internacional. Ello elevaría la población total de hambrientos a 51 millones en el área, lo que representa un retroceso en los avances logrados entre 1990 y 2005.
“El problema no es que no hemos avanzado, sino que no hemos logrado sostener los avances y perdimos prácticamente 15 años de esfuerzos en sólo dos años de alza de los precios”, observó José Graziano da Silva, representante regional de la organización.
Los elevados precios de los alimentos han invertido la tendencia positiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la cantidad de personas hambrientas en el mundo para el 2015. Parecen objetivos inalcanzables, a pesar de que el hambre y la pobreza constituyen los problemas sociales más acuciantes que afronta el mundo de hoy. Un reciente despacho noticioso fechado en la Oficina de la FAO en Roma da cuenta que “alcanzar la meta fijada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de hambrientos es una posibilidad todavía más remota”.
“Para los compradores netos de alimentos -donde se incluyen casi todas las familias urbanas y una gran parte de las rurales-, el alza de precios ha tenido un impacto negativo a corto plazo sobre los ingresos y el bienestar familiar. Los más pobres –campesinos sin tierra y familias encabezadas por mujeres- han sido los más afectados”, añade la propia fuente. Los países más golpeados por la actual crisis, muchos de ellos en África, necesitarán al menos 30 mil millones anuales de dólares para garantizar su seguridad alimentaria y reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo. Cuesta trabajo comprender y admitir tranquilamente entonces que el gobierno de un país tan rico como de los Estados Unidos aporte nada más y nada menos que 700 mil millones de dólares para levantar una economía en bancarrota y tratar de sostener al sistema capitalista, mientras una parte tan grande de la población del mundo padece de hambre y todos los años mueren 9 millones de seres humanos por falta de alimentación sin que haga siquiera un pronunciamiento al respecto. ¿Simples paradojas? No. Demostración de poder, desprecio por el semejante, afianzamiento financiero para los poderosos de este mundo que está “patas arriba”, en el cual impera, sobre todo, “la ley de la selva”.
Para romper el círculo vicioso del hambre y la pobreza, se requiere actuar de forma urgente en dos frentes, según ha definido la FAO: hacer que la población más vulnerable tenga acceso a alimentos y ayudar a los pequeños productores a aumentar su producción y sus ingresos. No hay otros caminos. Y de existir, aún no han sido descubiertos.
En el informe “El estado mundial de la Agricultura y la Alimentación-2008”, acabado de difundir en Roma, se señala: “Como en cualquier tipo de agricultura, una producción de biocombustibles en aumento puede resultar una amenaza para los recursos de agua y tierras, así como para la biodiversidad, por lo que se requieren unas medidas políticas adecuadas para minimizar los posibles efectos negativos. Las repercusiones variarán en función de las materias primas y los lugares, y dependerán de las prácticas de cultivo y de si nuevas tierras han empezado a utilizarse para la producción de materias primas para biocombustibles o de si éstas han reemplazado otros cultivos. La ampliación de la demanda de productos básicos exacerbará las presiones sobre los recursos naturales básicos, incrementando las áreas cultivadas. Por otro lado, el uso de materias primas perennes en tierras degradadas o marginales puede garantizar una producción de biocombustibles sostenible, pero la viabilidad económica de dichas opciones puede constituir una limitación a corto plazo”.
Y subraya: “Dada la escala potencial de mercado de los biocombustibles, la incertidumbre relativa a la evolución a largo plazo de los precios y el gran número de hogares pobres, la cuestión de cuáles serán los efectos de la ampliación de la producción de biocombustibles en la seguridad alimentaria de las poblaciones pobres debería ocupar un lugar destacado en el programa político”.
Sumemos a esos problemas las consecuencias del cambio climático, con la consiguiente elevación de la temperatura, la deforestación galopante y alarmante, la falta de agua por un lado y las grandes inundaciones por otro, la disminución de los niveles de pesca, el aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes que afectan, sobre todo, a los países caribeños… Los compromisos de disminuir la emisión de gases a la atmósfera para evitar el efecto de invernadero y reducir los productos que contaminan los ríos, lagos y el mar se incumplen fundamentalmente por los países desarrollados, los grandes productores, los que desangran los cultivos que permiten fabricar los agrocombustibles para sustituir sus enormes importaciones del caro y escaso petróleo.
La Oficina Regional de la FAO ha lanzado la Iniciativa “América Latina y el Caribe sin Hambre-2025”, en cuyos preceptos está contenido el convencimiento pleno de que resulta una meta posible, porque “desde todos los frentes se puede hacer algo para contribuir a lograrlo”. Algunos gobiernos de la región se han adherido a ella, pero todavía resultan insuficientes los esfuerzos, el apoyo y las acciones concretas.
El Día Mundial de la Alimentación es propicio para meditar a profundidad sobre tan complejos temas de la vida cotidiana. Resulta ético, humano y moral erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, no sólo “multiplicando los panes y los peces”, como en el pasaje bíblico, sino también con políticas concretas, coherentes, abarcadoras y objetivas.
Más que una celebración, como ha advertido la Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es momento propicio para hacer un llamado a los países del mundo, sociedades, sectores y grupos a no olvidar que hay demasiadas personas que padecen hambre en el mundo, y que la cifra crece por días.
La realidad es alarmante. Ya unos 923 millones –73 millones más en sólo un año-- de seres humanos están subalimentados en el orbe, de ellos unos 50 millones (me parece una cifra conservadora) en América Latina y el Caribe. ¿Qué hacer ante tan desastrosa situación? Resulta evidente que las políticas puestas en práctica nada han resuelto, como las promesas fijadas en las Cumbres han quedado sólo en eso: promesas y nada más.
Hoy la situación es aún peor que en años anteriores. Los altos precios de los alimentos y combustibles continúan aumentando las tasas de inflación, impactando negativamente el bienestar de la población, y el desarrollo de los biocombustibles, a los cuales es más apropiado llamarlos agrocombustibles, sólo hace más ricos a los ricos y poderosos y más pobres a los pobres y hambrientos.
Estimaciones de la FAO indican que 6 millones de personas podrían haberse sumado en el 2007 a la población que padece hambre en América Latina y el Caribe, a raíz del desajuste –o mejor dicho, desastre- de los precios de los productos alimentarios en el mercado internacional. Ello elevaría la población total de hambrientos a 51 millones en el área, lo que representa un retroceso en los avances logrados entre 1990 y 2005.
“El problema no es que no hemos avanzado, sino que no hemos logrado sostener los avances y perdimos prácticamente 15 años de esfuerzos en sólo dos años de alza de los precios”, observó José Graziano da Silva, representante regional de la organización.
Los elevados precios de los alimentos han invertido la tendencia positiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la cantidad de personas hambrientas en el mundo para el 2015. Parecen objetivos inalcanzables, a pesar de que el hambre y la pobreza constituyen los problemas sociales más acuciantes que afronta el mundo de hoy. Un reciente despacho noticioso fechado en la Oficina de la FAO en Roma da cuenta que “alcanzar la meta fijada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de hambrientos es una posibilidad todavía más remota”.
“Para los compradores netos de alimentos -donde se incluyen casi todas las familias urbanas y una gran parte de las rurales-, el alza de precios ha tenido un impacto negativo a corto plazo sobre los ingresos y el bienestar familiar. Los más pobres –campesinos sin tierra y familias encabezadas por mujeres- han sido los más afectados”, añade la propia fuente. Los países más golpeados por la actual crisis, muchos de ellos en África, necesitarán al menos 30 mil millones anuales de dólares para garantizar su seguridad alimentaria y reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo. Cuesta trabajo comprender y admitir tranquilamente entonces que el gobierno de un país tan rico como de los Estados Unidos aporte nada más y nada menos que 700 mil millones de dólares para levantar una economía en bancarrota y tratar de sostener al sistema capitalista, mientras una parte tan grande de la población del mundo padece de hambre y todos los años mueren 9 millones de seres humanos por falta de alimentación sin que haga siquiera un pronunciamiento al respecto. ¿Simples paradojas? No. Demostración de poder, desprecio por el semejante, afianzamiento financiero para los poderosos de este mundo que está “patas arriba”, en el cual impera, sobre todo, “la ley de la selva”.
Para romper el círculo vicioso del hambre y la pobreza, se requiere actuar de forma urgente en dos frentes, según ha definido la FAO: hacer que la población más vulnerable tenga acceso a alimentos y ayudar a los pequeños productores a aumentar su producción y sus ingresos. No hay otros caminos. Y de existir, aún no han sido descubiertos.
En el informe “El estado mundial de la Agricultura y la Alimentación-2008”, acabado de difundir en Roma, se señala: “Como en cualquier tipo de agricultura, una producción de biocombustibles en aumento puede resultar una amenaza para los recursos de agua y tierras, así como para la biodiversidad, por lo que se requieren unas medidas políticas adecuadas para minimizar los posibles efectos negativos. Las repercusiones variarán en función de las materias primas y los lugares, y dependerán de las prácticas de cultivo y de si nuevas tierras han empezado a utilizarse para la producción de materias primas para biocombustibles o de si éstas han reemplazado otros cultivos. La ampliación de la demanda de productos básicos exacerbará las presiones sobre los recursos naturales básicos, incrementando las áreas cultivadas. Por otro lado, el uso de materias primas perennes en tierras degradadas o marginales puede garantizar una producción de biocombustibles sostenible, pero la viabilidad económica de dichas opciones puede constituir una limitación a corto plazo”.
Y subraya: “Dada la escala potencial de mercado de los biocombustibles, la incertidumbre relativa a la evolución a largo plazo de los precios y el gran número de hogares pobres, la cuestión de cuáles serán los efectos de la ampliación de la producción de biocombustibles en la seguridad alimentaria de las poblaciones pobres debería ocupar un lugar destacado en el programa político”.
Sumemos a esos problemas las consecuencias del cambio climático, con la consiguiente elevación de la temperatura, la deforestación galopante y alarmante, la falta de agua por un lado y las grandes inundaciones por otro, la disminución de los niveles de pesca, el aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes que afectan, sobre todo, a los países caribeños… Los compromisos de disminuir la emisión de gases a la atmósfera para evitar el efecto de invernadero y reducir los productos que contaminan los ríos, lagos y el mar se incumplen fundamentalmente por los países desarrollados, los grandes productores, los que desangran los cultivos que permiten fabricar los agrocombustibles para sustituir sus enormes importaciones del caro y escaso petróleo.
La Oficina Regional de la FAO ha lanzado la Iniciativa “América Latina y el Caribe sin Hambre-2025”, en cuyos preceptos está contenido el convencimiento pleno de que resulta una meta posible, porque “desde todos los frentes se puede hacer algo para contribuir a lograrlo”. Algunos gobiernos de la región se han adherido a ella, pero todavía resultan insuficientes los esfuerzos, el apoyo y las acciones concretas.
El Día Mundial de la Alimentación es propicio para meditar a profundidad sobre tan complejos temas de la vida cotidiana. Resulta ético, humano y moral erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, no sólo “multiplicando los panes y los peces”, como en el pasaje bíblico, sino también con políticas concretas, coherentes, abarcadoras y objetivas.
Ramón Barreras Ferrán
El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación. En esta ocasión tiene como tema central: “La Seguridad Alimentaria Mundial: los desafíos del cambio climático y la Bioenergía”.
Más que una celebración, como ha advertido la Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es momento propicio para hacer un llamado a los países del mundo, sociedades, sectores y grupos a no olvidar que hay demasiadas personas que padecen hambre en el mundo, y que la cifra crece por días.
La realidad es alarmante. Ya unos 923 millones –73 millones más en sólo un año-- de seres humanos están subalimentados en el orbe, de ellos unos 50 millones (me parece una cifra conservadora) en América Latina y el Caribe. ¿Qué hacer ante tan desastrosa situación? Resulta evidente que las políticas puestas en práctica nada han resuelto, como las promesas fijadas en las Cumbres han quedado sólo en eso: promesas y nada más.
Hoy la situación es aún peor que en años anteriores. Los altos precios de los alimentos y combustibles continúan aumentando las tasas de inflación, impactando negativamente el bienestar de la población, y el desarrollo de los biocombustibles, a los cuales es más apropiado llamarlos agrocombustibles, sólo hace más ricos a los ricos y poderosos y más pobres a los pobres y hambrientos.
Estimaciones de la FAO indican que 6 millones de personas podrían haberse sumado en el 2007 a la población que padece hambre en América Latina y el Caribe, a raíz del desajuste –o mejor dicho, desastre- de los precios de los productos alimentarios en el mercado internacional. Ello elevaría la población total de hambrientos a 51 millones en el área, lo que representa un retroceso en los avances logrados entre 1990 y 2005.
“El problema no es que no hemos avanzado, sino que no hemos logrado sostener los avances y perdimos prácticamente 15 años de esfuerzos en sólo dos años de alza de los precios”, observó José Graziano da Silva, representante regional de la organización.
Los elevados precios de los alimentos han invertido la tendencia positiva para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la cantidad de personas hambrientas en el mundo para el 2015. Parecen objetivos inalcanzables, a pesar de que el hambre y la pobreza constituyen los problemas sociales más acuciantes que afronta el mundo de hoy. Un reciente despacho noticioso fechado en la Oficina de la FAO en Roma da cuenta que “alcanzar la meta fijada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de hambrientos es una posibilidad todavía más remota”.
“Para los compradores netos de alimentos -donde se incluyen casi todas las familias urbanas y una gran parte de las rurales-, el alza de precios ha tenido un impacto negativo a corto plazo sobre los ingresos y el bienestar familiar. Los más pobres –campesinos sin tierra y familias encabezadas por mujeres- han sido los más afectados”, añade la propia fuente. Los países más golpeados por la actual crisis, muchos de ellos en África, necesitarán al menos 30 mil millones anuales de dólares para garantizar su seguridad alimentaria y reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo. Cuesta trabajo comprender y admitir tranquilamente entonces que el gobierno de un país tan rico como de los Estados Unidos aporte nada más y nada menos que 700 mil millones de dólares para levantar una economía en bancarrota y tratar de sostener al sistema capitalista, mientras una parte tan grande de la población del mundo padece de hambre y todos los años mueren 9 millones de seres humanos por falta de alimentación sin que haga siquiera un pronunciamiento al respecto. ¿Simples paradojas? No. Demostración de poder, desprecio por el semejante, afianzamiento financiero para los poderosos de este mundo que está “patas arriba”, en el cual impera, sobre todo, “la ley de la selva”.
Para romper el círculo vicioso del hambre y la pobreza, se requiere actuar de forma urgente en dos frentes, según ha definido la FAO: hacer que la población más vulnerable tenga acceso a alimentos y ayudar a los pequeños productores a aumentar su producción y sus ingresos. No hay otros caminos. Y de existir, aún no han sido descubiertos.
En el informe “El estado mundial de la Agricultura y la Alimentación-2008”, acabado de difundir en Roma, se señala: “Como en cualquier tipo de agricultura, una producción de biocombustibles en aumento puede resultar una amenaza para los recursos de agua y tierras, así como para la biodiversidad, por lo que se requieren unas medidas políticas adecuadas para minimizar los posibles efectos negativos. Las repercusiones variarán en función de las materias primas y los lugares, y dependerán de las prácticas de cultivo y de si nuevas tierras han empezado a utilizarse para la producción de materias primas para biocombustibles o de si éstas han reemplazado otros cultivos. La ampliación de la demanda de productos básicos exacerbará las presiones sobre los recursos naturales básicos, incrementando las áreas cultivadas. Por otro lado, el uso de materias primas perennes en tierras degradadas o marginales puede garantizar una producción de biocombustibles sostenible, pero la viabilidad económica de dichas opciones puede constituir una limitación a corto plazo”.
Y subraya: “Dada la escala potencial de mercado de los biocombustibles, la incertidumbre relativa a la evolución a largo plazo de los precios y el gran número de hogares pobres, la cuestión de cuáles serán los efectos de la ampliación de la producción de biocombustibles en la seguridad alimentaria de las poblaciones pobres debería ocupar un lugar destacado en el programa político”.
Sumemos a esos problemas las consecuencias del cambio climático, con la consiguiente elevación de la temperatura, la deforestación galopante y alarmante, la falta de agua por un lado y las grandes inundaciones por otro, la disminución de los niveles de pesca, el aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes que afectan, sobre todo, a los países caribeños… Los compromisos de disminuir la emisión de gases a la atmósfera para evitar el efecto de invernadero y reducir los productos que contaminan los ríos, lagos y el mar se incumplen fundamentalmente por los países desarrollados, los grandes productores, los que desangran los cultivos que permiten fabricar los agrocombustibles para sustituir sus enormes importaciones del caro y escaso petróleo.
La Oficina Regional de la FAO ha lanzado la Iniciativa “América Latina y el Caribe sin Hambre-2025”, en cuyos preceptos está contenido el convencimiento pleno de que resulta una meta posible, porque “desde todos los frentes se puede hacer algo para contribuir a lograrlo”. Algunos gobiernos de la región se han adherido a ella, pero todavía resultan insuficientes los esfuerzos, el apoyo y las acciones concretas.
El Día Mundial de la Alimentación es propicio para meditar a profundidad sobre tan complejos temas de la vida cotidiana. Resulta ético, humano y moral erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, no sólo “multiplicando los panes y los peces”, como en el pasaje bíblico, sino también con políticas concretas, coherentes, abarcadoras y objetivas.
martes 26 de agosto de 2008
¿Dónde están los ojos para la pobreza?
Una página en Internet divulgó hace poco la siguiente pregunta: ¿Por qué los periódicos del sudeste asiático no publican en primera plana casos de gente que se muere de hambre o la falta de agua potable? Y explica a continuación que "la Suprema Corte india tuvo que intervenir para que el hambre pudiera regresar a la primera plana de la prensa.
Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?".¡Qué contradicción! En otra parte del texto recuerdan, con acertado tino, que las hamburguesas Mac Donald, los refrescos Coca Cola y Pepsi, los pollos y muchos otros tipos de alimentos, tienen las páginas de publicidad abiertas en los medios de comunicación en cualquier sitio, ya sea impresos, televisivos, radiales o digitales, sin considerar en este caso las grandes vallas o pancartas que hacen visualmente insoportables a las ciudades. Bueno…, en cualquier sitio no; porque en Cuba las tienen -inteligentemente- desterradas.
Sólo en publicidad, en el mundo de hoy, se gastan 1000 millones de dólares cada año, igual cantidad que en la carrera armamentista, suficiente para alimentar a millones de hambrientos y para resolver un sinnúmero de problemas sociales diversos. Pero esto último, a los ricos y a su vez poderosos, no les interesa.Esa interrogante hecha en el continente asiático es perfectamente aplicable a América Latina y el Caribe. Nuestra área geográfica tiene hoy una cifra indeterminada de pobres y hambrientos. Y digo indeterminada porque unos estudios aseguran que son 54 millones, o sea, el 10 por ciento de la población total, otros afirman que gracias a las ¿políticas?, estrategias, programas e iniciativas (y le pongo intencionalmente signo de interrogación a la palabra políticas) ha disminuido en los últimos años a 50 millones. La realidad es que -fíjense- hablamos de millones, no de miles, ni de cientos, ni de decenas. ¡De millones! Me gusta utilizar una imagen gráfica elocuente para ilustrar el hambre y la pobreza.
En una populosa urbe de América del Sur, vi cómo un indigente buscaba entre los depósitos de basura, de manera afanosa, algo que llevarse al estómago. Andaba sucio, harapiento, despeinado… Era el rostro de la pobreza, de la desigualdad, de la tragedia… Por su lado pasó velozmente un Mercedes Benz de color negro, flamante, lujoso, con mucho brillo, y sus neumáticos salpicaron completamente de lodo al pobre indigente. Ni siquiera el conductor detuvo la marcha y expresó una frase de disculpa. Le era imposible. El aire acondicionado acumulado en el interior vale más para él que la dignidad del ultrajado.Pero de eso no tratan los medios de comunicación.
Me atrevo a afirmar que ni siquiera los llamados medios alternativos (les confieso que el calificativo no me gusta para nada) lo hacen con acierto. ¿Por qué? Porque el mundo de los medios de comunicación (MC) es tan poderoso y tan poderoso que promueve golpes de estado, golpes petroleros, quita y pone presidentes, gobernadores y alcaldes, tilda de terroristas a simples luchadores por la igualdad, provoca manifestaciones con personas que ni siquiera saben bien lo que reclaman…. Es que los MC responde con exactitud meridiana a los intereses de sus dueños, y en la inmensa mayoría de los casos, no son otros que quienes también dominan el poder financiero y económico. A esos "barrigas llenas", como les llamaron en una telenovela brasileña recientemente difundida en la TV Cubana, no les conviene para nada incluir a la pobreza y el hambre en la agenda mediática, en las líneas editoriales y mucho menos, denunciar que mientras unos pocos se enriquecen cada día más, una mayoría inmensa es cada vez más pobre en este mundo que gira sobre su propio ejes, pero "patas arriba", como lo definió el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.
La FAO difundió hace poco: "El interés de los medios de comunicación occidentales por los temas del desarrollo es mínimo y los profesionales de la información no abordan en profundidad cuestiones como el hambre y la pobreza en el mundo, según un estudio publicado hoy por la Echo Research, empresa de análisis de medios, con sede en Londres, en base al análisis de 54 periódicos relevantes en 11 países occidentales. "Los medios de comunicación informan sobre iniciativas específicas y no tanto sobre problemas de larga duración, dice el estudio. Esto explicaría lo que se denomina como 'tono positivo de la cobertura', o sea, una recepción positiva de las iniciativas que aparecen para paliar o mejorar la situación. Asimismo, el estudio constata un mayor número de noticias sobre soluciones potenciales que sobre análisis de las causas de los problemas". La problemática está clara. La vida anda por un lado, el discurso político y mediático por ese mismo lado, y los medios de comunicación por otro. Es como una dicotomía en la prensa contemporánea.
Los teóricos de la guerra se atreven a afirmar que "una mentira dicha cien veces se convierte en una verdad". Valga tan aberración comunicativa como vía para ilustrar la idea.Si problemas tan acuciantes como la pobreza y el hambre no tienen espacio en los medios, difícil resultará que la conciencia al respecto crezca en la sociedad y en políticos y gobernantes con niveles e influencia.Es raro encontrar, incluso hasta en los medios más radicales y pragmáticos, comentarios de opinión sobre las causas que provocan esos problemas, que no son otras que las desigualdades sociales, la diferente distribución de las riquezas, el predominio de los monopolios financieros, el desinterés de los gobiernos por ejecutar programas sociales y muchos otros. Ausentes están también los reportajes de investigación, caracterizados por la indagación profunda allí, donde late el dolor o donde se adoptan las grandes decisiones, o sea, de lo particular a lo general, del fondo a la luz. Y el problema es mucho más agudo que el dolor atenazante en el estómago por las largas horas sin alimentarse. Está vinculado también -no puede dudarse- a las enfermedades y epidemias, a la elevadísima mortalidad infantil de los países de la región, a la droga, a la prostitución, a la delincuencia organizada, al analfabetismo, a la marginalidad… Los pobres y hambrientos viven sin futuro, sin esperanzas, sin hoy y sin mañana. ¿Quién lo dice en los medios? ¿Quién cuenta esas historias? Jamás lo hará la CNN, ni el New York Times, ni BBC Mundo, ni El País… Los soportes hay que buscarlos mucho más cerca de nosotros mismos.Faltan políticas gubernamentales, es cierto. Pero también falta voluntad de quienes tienen el deber de tratar en los medios de comunicación esos temas y no lo hacen, o lo hacen "por arriba", sin profundidad, sin objetividad.Vale preguntarse por otra parte: ¿los sistemas de enseñanza de nuestro continente, desde el preescolar hasta la universidad, incluye en alguno de los programas el tratamiento a tan complejos problemas? Me atrevo a decir que no en la inmensa mayoría. No olvidemos que las conciencias se forman desde las edades tempranas, para despertar el interés por el conocimiento. El asunto es tema para otra conferencia.Mientras haya una persona pobre y hambrienta en este planeta, los medios -y todas las instituciones-- no pueden permanecer ajenos, ni insensibles. El problema es demasiado grande. Parece como una maldición a gran escala.¡Qué se desate la ofensiva, pues, y quede a un lado la actitud simplemente defensiva de la convivencia con esos males que parecen ser hereditarios, pero no lo son!
Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?".¡Qué contradicción! En otra parte del texto recuerdan, con acertado tino, que las hamburguesas Mac Donald, los refrescos Coca Cola y Pepsi, los pollos y muchos otros tipos de alimentos, tienen las páginas de publicidad abiertas en los medios de comunicación en cualquier sitio, ya sea impresos, televisivos, radiales o digitales, sin considerar en este caso las grandes vallas o pancartas que hacen visualmente insoportables a las ciudades. Bueno…, en cualquier sitio no; porque en Cuba las tienen -inteligentemente- desterradas.
Sólo en publicidad, en el mundo de hoy, se gastan 1000 millones de dólares cada año, igual cantidad que en la carrera armamentista, suficiente para alimentar a millones de hambrientos y para resolver un sinnúmero de problemas sociales diversos. Pero esto último, a los ricos y a su vez poderosos, no les interesa.Esa interrogante hecha en el continente asiático es perfectamente aplicable a América Latina y el Caribe. Nuestra área geográfica tiene hoy una cifra indeterminada de pobres y hambrientos. Y digo indeterminada porque unos estudios aseguran que son 54 millones, o sea, el 10 por ciento de la población total, otros afirman que gracias a las ¿políticas?, estrategias, programas e iniciativas (y le pongo intencionalmente signo de interrogación a la palabra políticas) ha disminuido en los últimos años a 50 millones. La realidad es que -fíjense- hablamos de millones, no de miles, ni de cientos, ni de decenas. ¡De millones! Me gusta utilizar una imagen gráfica elocuente para ilustrar el hambre y la pobreza.
En una populosa urbe de América del Sur, vi cómo un indigente buscaba entre los depósitos de basura, de manera afanosa, algo que llevarse al estómago. Andaba sucio, harapiento, despeinado… Era el rostro de la pobreza, de la desigualdad, de la tragedia… Por su lado pasó velozmente un Mercedes Benz de color negro, flamante, lujoso, con mucho brillo, y sus neumáticos salpicaron completamente de lodo al pobre indigente. Ni siquiera el conductor detuvo la marcha y expresó una frase de disculpa. Le era imposible. El aire acondicionado acumulado en el interior vale más para él que la dignidad del ultrajado.Pero de eso no tratan los medios de comunicación.
Me atrevo a afirmar que ni siquiera los llamados medios alternativos (les confieso que el calificativo no me gusta para nada) lo hacen con acierto. ¿Por qué? Porque el mundo de los medios de comunicación (MC) es tan poderoso y tan poderoso que promueve golpes de estado, golpes petroleros, quita y pone presidentes, gobernadores y alcaldes, tilda de terroristas a simples luchadores por la igualdad, provoca manifestaciones con personas que ni siquiera saben bien lo que reclaman…. Es que los MC responde con exactitud meridiana a los intereses de sus dueños, y en la inmensa mayoría de los casos, no son otros que quienes también dominan el poder financiero y económico. A esos "barrigas llenas", como les llamaron en una telenovela brasileña recientemente difundida en la TV Cubana, no les conviene para nada incluir a la pobreza y el hambre en la agenda mediática, en las líneas editoriales y mucho menos, denunciar que mientras unos pocos se enriquecen cada día más, una mayoría inmensa es cada vez más pobre en este mundo que gira sobre su propio ejes, pero "patas arriba", como lo definió el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.
La FAO difundió hace poco: "El interés de los medios de comunicación occidentales por los temas del desarrollo es mínimo y los profesionales de la información no abordan en profundidad cuestiones como el hambre y la pobreza en el mundo, según un estudio publicado hoy por la Echo Research, empresa de análisis de medios, con sede en Londres, en base al análisis de 54 periódicos relevantes en 11 países occidentales. "Los medios de comunicación informan sobre iniciativas específicas y no tanto sobre problemas de larga duración, dice el estudio. Esto explicaría lo que se denomina como 'tono positivo de la cobertura', o sea, una recepción positiva de las iniciativas que aparecen para paliar o mejorar la situación. Asimismo, el estudio constata un mayor número de noticias sobre soluciones potenciales que sobre análisis de las causas de los problemas". La problemática está clara. La vida anda por un lado, el discurso político y mediático por ese mismo lado, y los medios de comunicación por otro. Es como una dicotomía en la prensa contemporánea.
Los teóricos de la guerra se atreven a afirmar que "una mentira dicha cien veces se convierte en una verdad". Valga tan aberración comunicativa como vía para ilustrar la idea.Si problemas tan acuciantes como la pobreza y el hambre no tienen espacio en los medios, difícil resultará que la conciencia al respecto crezca en la sociedad y en políticos y gobernantes con niveles e influencia.Es raro encontrar, incluso hasta en los medios más radicales y pragmáticos, comentarios de opinión sobre las causas que provocan esos problemas, que no son otras que las desigualdades sociales, la diferente distribución de las riquezas, el predominio de los monopolios financieros, el desinterés de los gobiernos por ejecutar programas sociales y muchos otros. Ausentes están también los reportajes de investigación, caracterizados por la indagación profunda allí, donde late el dolor o donde se adoptan las grandes decisiones, o sea, de lo particular a lo general, del fondo a la luz. Y el problema es mucho más agudo que el dolor atenazante en el estómago por las largas horas sin alimentarse. Está vinculado también -no puede dudarse- a las enfermedades y epidemias, a la elevadísima mortalidad infantil de los países de la región, a la droga, a la prostitución, a la delincuencia organizada, al analfabetismo, a la marginalidad… Los pobres y hambrientos viven sin futuro, sin esperanzas, sin hoy y sin mañana. ¿Quién lo dice en los medios? ¿Quién cuenta esas historias? Jamás lo hará la CNN, ni el New York Times, ni BBC Mundo, ni El País… Los soportes hay que buscarlos mucho más cerca de nosotros mismos.Faltan políticas gubernamentales, es cierto. Pero también falta voluntad de quienes tienen el deber de tratar en los medios de comunicación esos temas y no lo hacen, o lo hacen "por arriba", sin profundidad, sin objetividad.Vale preguntarse por otra parte: ¿los sistemas de enseñanza de nuestro continente, desde el preescolar hasta la universidad, incluye en alguno de los programas el tratamiento a tan complejos problemas? Me atrevo a decir que no en la inmensa mayoría. No olvidemos que las conciencias se forman desde las edades tempranas, para despertar el interés por el conocimiento. El asunto es tema para otra conferencia.Mientras haya una persona pobre y hambrienta en este planeta, los medios -y todas las instituciones-- no pueden permanecer ajenos, ni insensibles. El problema es demasiado grande. Parece como una maldición a gran escala.¡Qué se desate la ofensiva, pues, y quede a un lado la actitud simplemente defensiva de la convivencia con esos males que parecen ser hereditarios, pero no lo son!
lunes 4 de agosto de 2008
Ni ellos se pueden callar

Por Ramón Barreras Ferrán
No es el tono de sus documentos habituales. Pero no les queda otra alternativa. El mundo se desmorona, y aunque ellos pretendan no sentirlo, están dentro de él y ya no encuentran fórmulas para justificar los desastres. Y el alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional, muchos de ellos de primera necesidad, no puede silenciarlo, ni ocultarlo, ni justificarlo.
Nada más y nada menos que el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los dos mayores tentáculos económico-financieros del mundo capitalista unipolar y dominante (el otro es el conocido Banco Mundial) acaba de reconocer en su último boletín que “algunos países se encuentran casi al filo de la navaja por la escalada de los precios”, de acuerdo con estudio realizado por sus expertos.
A la vez advierte que las naciones pobres son las más damnificadas por el encarecimiento de los alimentos y del petróleo. ¡Vaya descubrimiento! Pero, no reconocen en modo alguno que ése es el resultado del actuar económico de los países altamente desarrollados y de sus transnacionales.
Como siempre acostumbra a hacer, el FMI dicta sus recetas: “En base a un análisis de los retos macroeconómicos que plantea el alza de los precios, el estudio sostiene que muchos gobiernos tendrán que ajustar sus políticas ante el shock de precios y que la comunidad internacional deberá a contribuir a solucionar este problema mundial”. También sostiene que para los gobiernos de los “países avanzados” y los bancos centrales es ahora más difícil apuntalar el crecimiento y al mismo tiempo frenar la inflación.
Y al parecer ahora se da cuenta que “en las economías emergentes –y sobre todo en algunos países de bajos ingresos- hay mucho más en juego. Para las poblaciones muy pobres, la carestía de los alimentos puede desembocar en indigencia, hambre y desnutrición”. Así de sencillo. Los especialistas que hicieron el estudio por encargo del FMI hablan en futuro, como si la indigencia, el hambre y la desnutrición no pulularan en el mundo ni se haya acrecentado con el alza desmedida de los precios.
Ellos apelan al espíritu de cooperación. ¿De quienes? Pues los presidentes de las naciones más poderosas del mundo acaban prácticamente de reunirse en Japón, banquete con cientos de platos por medio, para analizar el tema del hambre y el aumento de los precios, sobre todo en África, y nada acordaron en concreto.
¿Qué hará el Fondo Monetario Internacional? El reporte del estudio no lo dice. Pero imagino que como siempre, precisará de los gobiernos plegados a ellos –y que son muchos por cierto en el mundo- a elevar los impuestos, sin distinción de niveles de ingreso; despedir trabajadores y lanzarlos a la calle para fortalecer las economías y asegurar las compras en el mercado internacional, precisamente el mismo que hace cada día más ricos a los ricos y más pobres a los países pobres.
Ya se habla de que el número de personas que pasan hambre todos los días en el mundo tendrá un incremento inmediato de unos 70 millones, por encima de los 854 millones que viven en esa precaria situación. Sin embargo, de eso nada se dice en los círculos políticos capitalistas y en los medios de comunicación masiva.
Por estos días la pandemia del SIDA, sin embrago, acapara la atención del mundo de la comunicación, aunque las cifras de personas infectadas son notablemente inferiores a la de los indigentes, pobres y desnutridos. ¿Será porque los ricos, los poderosos, los dueños de los medios y las empresas sí están amenazados por el VIH, porque ni el dinero puede frenarlo?
El hecho de que el FMI, trate al menos en esos términos el problema del alza de los precios es un paso de avance en el reconocimiento tácito de un fenómeno de escala universal que es tan peligroso como la creciente carrera armamentista. Detrás de cada uno de esos fenómenos hay demasiado poderío económico, porque aunque dañe a muchos, a algunos pocos les convienen demasiados y les llenan las arcas.
No es el tono de sus documentos habituales. Pero no les queda otra alternativa. El mundo se desmorona, y aunque ellos pretendan no sentirlo, están dentro de él y ya no encuentran fórmulas para justificar los desastres. Y el alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional, muchos de ellos de primera necesidad, no puede silenciarlo, ni ocultarlo, ni justificarlo.
Nada más y nada menos que el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los dos mayores tentáculos económico-financieros del mundo capitalista unipolar y dominante (el otro es el conocido Banco Mundial) acaba de reconocer en su último boletín que “algunos países se encuentran casi al filo de la navaja por la escalada de los precios”, de acuerdo con estudio realizado por sus expertos.
A la vez advierte que las naciones pobres son las más damnificadas por el encarecimiento de los alimentos y del petróleo. ¡Vaya descubrimiento! Pero, no reconocen en modo alguno que ése es el resultado del actuar económico de los países altamente desarrollados y de sus transnacionales.
Como siempre acostumbra a hacer, el FMI dicta sus recetas: “En base a un análisis de los retos macroeconómicos que plantea el alza de los precios, el estudio sostiene que muchos gobiernos tendrán que ajustar sus políticas ante el shock de precios y que la comunidad internacional deberá a contribuir a solucionar este problema mundial”. También sostiene que para los gobiernos de los “países avanzados” y los bancos centrales es ahora más difícil apuntalar el crecimiento y al mismo tiempo frenar la inflación.
Y al parecer ahora se da cuenta que “en las economías emergentes –y sobre todo en algunos países de bajos ingresos- hay mucho más en juego. Para las poblaciones muy pobres, la carestía de los alimentos puede desembocar en indigencia, hambre y desnutrición”. Así de sencillo. Los especialistas que hicieron el estudio por encargo del FMI hablan en futuro, como si la indigencia, el hambre y la desnutrición no pulularan en el mundo ni se haya acrecentado con el alza desmedida de los precios.
Ellos apelan al espíritu de cooperación. ¿De quienes? Pues los presidentes de las naciones más poderosas del mundo acaban prácticamente de reunirse en Japón, banquete con cientos de platos por medio, para analizar el tema del hambre y el aumento de los precios, sobre todo en África, y nada acordaron en concreto.
¿Qué hará el Fondo Monetario Internacional? El reporte del estudio no lo dice. Pero imagino que como siempre, precisará de los gobiernos plegados a ellos –y que son muchos por cierto en el mundo- a elevar los impuestos, sin distinción de niveles de ingreso; despedir trabajadores y lanzarlos a la calle para fortalecer las economías y asegurar las compras en el mercado internacional, precisamente el mismo que hace cada día más ricos a los ricos y más pobres a los países pobres.
Ya se habla de que el número de personas que pasan hambre todos los días en el mundo tendrá un incremento inmediato de unos 70 millones, por encima de los 854 millones que viven en esa precaria situación. Sin embargo, de eso nada se dice en los círculos políticos capitalistas y en los medios de comunicación masiva.
Por estos días la pandemia del SIDA, sin embrago, acapara la atención del mundo de la comunicación, aunque las cifras de personas infectadas son notablemente inferiores a la de los indigentes, pobres y desnutridos. ¿Será porque los ricos, los poderosos, los dueños de los medios y las empresas sí están amenazados por el VIH, porque ni el dinero puede frenarlo?
El hecho de que el FMI, trate al menos en esos términos el problema del alza de los precios es un paso de avance en el reconocimiento tácito de un fenómeno de escala universal que es tan peligroso como la creciente carrera armamentista. Detrás de cada uno de esos fenómenos hay demasiado poderío económico, porque aunque dañe a muchos, a algunos pocos les convienen demasiados y les llenan las arcas.
EL desperdicio de alimentos en época de crisis
Por Andrés Pascoe Rippey y José Luis Vivero Pol
En América Latina y el Caribe 52 millones de personas pasan hambre y cerca de 9 millones de niños padecen
desnutrición crónica, sufriendo daños irreparables en su desarrollo. A raíz de la actual problemática por el alza del
precio de los alimentos se están desarrollando distintas líneas de trabajo para aumentar la disponibilidad y reducir
su costo. Además de las propuestas “tradicionales”, hay una medida que puede mejorar de forma rápida y eficaz la
disponibilidad total de comida: reducir el desperdicio. Hoy, millones de toneladas de alimentos en buen estado se
desperdician cada día en el planeta.
Datos de la FAO revelan que en México el descuido en el manejo de alimentos representa pérdidas de hasta 20%
entre el productor y el consumidor, principalmente en cereales y frutas, sin contar el desperdicio que se genera a
nivel de hogares, restaurantes y comedores1. Cerca de 40 mil personas podrían alimentarse diariamente si se reciclase
ese alimento. En Brasil, cerca de un 64% de lo que se planta se pierde en la cadena productiva: 20% en la cosecha,
8% en el transporte y almacenamiento, 15% en el procesamiento, 20% en el proceso culinario y hábitos alimentarios.
Se señala que alrededor de 70 mil toneladas de alimentos van a la basura anualmente2.
Las cifras son aún mayores en los países desarrollados. En Gran Bretaña se difundió un estudio3 revelando que se
desperdician cada año más de cuatro millones de toneladas de alimentos. Lo que más se desperdicia son las verduras,
frutas, papas y el pan. Además, la mayor parte de esa comida se va a tiraderos convencionales, en lugar de ser
aprovechada para fertilizante o ingresar en circuitos de bancos de alimentos, comedores populares o producción de
Bioenergía. El gobierno ha lanzado una campaña de sensiblización para reducir este despilfarro.
Estados Unidos es el país del mundo que más desperdicia alimentos. De acuerdo con un estudio de la Universidad
de Arizona, entre el 45 y el 50% de todos los alimentos cosechados se pierden anualmente antes de ser consumidos4.
El estudio también señala que esta comida podría servir para cubrir todas las necesidades de los desnutridos de ese
país, en el cual 4.6 millones de hogares padecen de grave inseguridad alimentaria5, lo cual implica literalmente pasar
hambre. Datos oficiales de EE.UU. señalan que cada año 45 millones de toneladas de alimentos se pierden en alguna
parte de la cadena de consumo.
La rEsponsaBiLidad dE cada Uno
Este enorme desperdicio indica que se compra mucho más de lo que realmente se consume, subrayando el exceso de
demanda o “demanda ficticia” en las necesidades energéticas de la población. Una gran cantidad del desperdicio de
comida es resultado de la falta de conciencia de los consumidores: en el proceso de preparación de los alimentos caseros
se dejan de lado muchos comestibles en perfecto estado. Estudios señalan que un 14% de los productos comprados en
EE.UU. terminan en la basura sin haber sido abiertos, y lo mismo pasa con el 20% de la comida en Brasil.
Por otro lado, la pérdida de los conocimientos tradicionales de cocina fomenta el uso poco cuidadoso de los
alimentos. Se ha desmotivado el reciclaje de la comida, en parte debido a un exceso de “cultura de consumo rápido”:
no sabemos adquirir alimentos de forma responsable y planificada. Sectores sociales han respondido al escandaloso
desperdicio que se genera. Un caso notable es el de los autodenominados “freegans”. Son personas que, por elección,
se alimentan hasta en un 80% de comida recuperada de basureros de restaurantes o tiendas, en particular panaderías6.
Estos “comedores de basura” buscan crear conciencia sobre el desperdicio y boicotear a la sociedad de consumo.
Los cosTos EconóMicos
El estudio de la Universidad de Arizona asegura que con una corrección parcial de este desperdicio se podrían ahorrar
miles de millones de dólares cada año. Este ahorro podría impactar, incluso, en el alza en el precio de los alimentos,
ya que un incremento de productos en el mercado mitigaría el aumento de los costos. Los estudios señalan que una
familia promedio en Estados Unidos tira a la basura unos 600 dólares mensuales en comida. En Gran Bretaña, más de
15 mil 500 millones de dólares en alimentos se pierden cada año debido a mal manejo, unos 256 dólares por cada
habitante del Reino Unido.
El problema del desperdicio genera costos en tres niveles: pérdida económica para las familias que compran alimentos
que no consumen; costo en procesamiento de basura que esos desperdicios generan, y costo para el medio ambiente
por contaminación.
aLTErnaTiVas
Uno de los sistemas de aprovechamiento más común de la comida en buen estado son los Bancos de Alimentos.
Desde hace décadas, estos servicios de recolección de alimentos (en general no perecedera) desechada por los
supermercados apoyan a las comunidades vulnerables con su redistribución. La Iniciativa América Latina y Caribe
sin Hambre (ALCSH)7 contribuye al desarrollo de estos bancos y promueve las leyes que favorezcan el proceso de
donación de alimentos (conocidas como “del buen samaritano”). Adicionalmente, fomenta cambiar la visión de
los desperdicios alimentarios como basura para verlos como subproductos con valor económico y externalidades
medioambientales positivas. En este sentido, los municipios son los actores clave para establecer regulaciones y
proveer facilidades para reducir el desperdicio alimentario y fomentar su reutilización.
Es fundamental atacar el problema del desperdicio desde tres variables distintas:
1. desperdicio en la producción
a) Extender las buenas prácticas agrícolas y el desarrollo de métodos de conservación y transporte para reducir
las perdidas.
b) Promover la compra de productos locales, tanto los que proceden de agricultura familiar y huertos urbanos,
como los de la agricultura de la zona, pues estos productos llegan más frescos al consumidor.
c) Optimizar la cadena de agrocomercialización para poder usar los alimentos que se estropean o deterioran
como fertilizantes orgánicos, alimento para animales, aceites esenciales o fibras de empaque.
2. desperdicio en la venta
a) Favorecer los Bancos de Alimentos para reutilizar los alimentos que salen de la cadena comercial, aprobando
marcos legales y estímulos fiscales.
b) Desarrollar bancos de compostaje municipal que utilicen los desperdicios de mercados de abasto a gran
escala y que recojan subproductos de empresas agroprocesadoras.
3. desperdicio en el consumo
a) La Iniciativa ALCSH busca sensibilizar a los y las cocineras caseras sobre el buen uso y cuidado de los
productos que utilizan, a través de esfuerzos como Chefs contra el Hambre8.
b) Fomentar el desarrollo de composta casera9 para reciclar la materia orgánica y fertilizar huertas familiares.
c) Revalorar la “Cocina de Reciclaje”, reduciendo el desperdicio alimenticio mediante cursos de cocina para
darle un uso creativo a los alimentos de días anteriores.
d) Campañas de comunicación para sensibilizar sobre la necesidad de reducir el desperdicio: sistemas de “best
buy” (mejor valor alimenticio y mayor inocuidad por menor precio), guarda de alimentos en forma correcta,
técnicas de conservación de alimentos tradicionales, entre otras opciones.
e) Informar sobre como incorporar alimentos alternativos a la dieta y fomentar un uso creativo de los
ingredientes existentes.
7 Más información sobre la Iniciativa en http://www.rlc.fao.org/iniciativa/
8 Más información sobre Chefs Contra el Hambre: http://www.rlc.fao.org/iniciativa/chefs.htm
9 http://em.iespana.es/manuales/manuales.html
Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación
Oficina Regional para América Latina y el Caribe
iniciativa américa Latina y caribe sin Hambre
Observatorio del Hambre
Av. Dag Hammarskjöld 3241, Vitacura, Santiago de Chile
Tel.: (56 2) 923 2100 e-mail: RLC-iniciativa@fao.org
www.rlc.fao.org/iniciativa/obdh.htm
con el apoyo financiero de
aecid
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